diciembre 15, 2019

Por Elena Arias y Julian Cristia

Hablemos sin tapujos. Nuestra enseñanza de matemáticas está en crisis. Apenas uno de cada tres estudiantes de América Latina y el Caribe alcanzan un estándar mínimo en matemáticas, lo que les permite, por ejemplo, hacer un cálculo simple de velocidad usando datos de tiempo y distancia.

En los países desarrollados, el 80% pueden hacerlo, según pruebas realizadas a nivel internacional. De hecho, en Honduras el puntaje promedio en la prueba PISA de matemáticas entre los estudiantes de 15 años es de 343, frente a 490 para los países desarrollados agrupados en la OCDE.

Dado que siete de las empresas de mayor capitalización bursátil del mundo provienen del área tecnológica frente apenas una hace una década, muchos de nuestros chicos pueden quedar afuera de las oportunidades del futuro. Y son nuestros alumnos más desaventajados económicamente que están más rezagados.

Mejorar la calidad de toda la educación en Honduras, y en especial la de ciencias y matemáticas, es una tarea de desarrollo que no puede esperar más.

La pregunta es cómo hacerlo de la manera que sea más eficiente y efectiva posible. No tenemos los presupuestos generosos de algunos países desarrollados. Cada peso que invertimos en educación tiene que rendir al máximo.

En este contexto, los resultados logrados por un innovador programa educativo en Chile son una excelente noticia. Generó mejoras en el aprendizaje de matemáticas siete veces mayores al de programas de extensión de la jornada escolar y cuatro veces mayores al de programas que reducen la cantidad de estudiantes asignadas a cada docente. Y lo lograron utilizando infraestructura que muchos de nuestros colegios ya tienen.

El programa se llama ConectaIdeas. Estudiantes de cuarto grado de primaria de escuelas desfavorecidas de Santiago tienen dos sesiones de aprendizaje de matemáticas semanales en un laboratorio de computación. Los estudiantes se conectan a una plataforma en línea para practicar y hacer ejercicios. Pero no se conectan a una plataforma tradicional: participan de juegos y competencias, tanto individuales como grupales, que buscan motivar a los estudiantes a poner esfuerzo en el aprendizaje.

Es decir, el programa utiliza estrategias de gamificación — la introducción de juegos en contextos no lúdicos para incrementar la motivación y el interés de los participantes. Además, los colegios compiten entre sí en torneos matemáticos virtuales. Da gusto ver cómo los estudiantes y sus padres le ponen el mismo grado de entusiasmo en un “partido” de matemáticas como lo harían para una competencia escolar de fútbol.

Un estudio experimental, elaborado con la colaboración del Banco Interamericano de Desarrollo, el International Development Research Center de Canadá y la Universidad de Chile, encontró que los estudiantes que participaron del programa tuvieron mejoras en el aprendizaje de matemáticas un 50% mayores a las obtenidas por estudiantes similares que no participaron del programa durante el año académico. La brecha entre una escuela en un barrio de bajos ingresos con una escuela promedio en Chile se achicó en un 70%. Son números que se ven poco en el campo de la educación, donde las ganancias suelen ser marginales.

El programa también generó un incremento de las preferencias de los estudiantes por usar computadoras en la clase de matemáticas, algo necesario dado el incremento de la demanda por habilidades digitales. Los estudiantes que participaron de ConectaIdeas entendieron que uno puede lograr más si se estudia con ganas.

Para ser claros, el programa también generó mayores índices de ansiedad asociado con el estudio de matemáticas. Y los alumnos expresaron mayores preferencias por trabajar de forma individual en vez de grupal. Debemos explorar como reducir estos posibles efectos de la gamificación.

De todos modos, los buenos resultados académicos de ConectaIdeas contrastan con los limitados impactos educativos de programas de tecnología que se han implementado en la región. Por ejemplo, el programa “Una Laptop por Niño” implementado por Perú en 2009 generó pocas mejoras en el aprendizaje de matemáticas y lenguaje, pese a la importante inversión realizada. La tecnología por sí sola no generara mejoras educativas; es clave implementar programas que aprovechen las ventajas pedagógicas que tienen estos recursos.

Perú aprendió esta lección y actualmente está implementando un programa basado en ConectaIdeas. Ya es hora de que más países también lo hagan, para que la tecnología nos permita superar nuestra crisis de aprendizaje y prepararnos para aprovechar la revolución tecnológica que ya está llegando.

Elena Arias y Julian Cristia son investigadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID)

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