Por José Rafael Vilar: Analista Político

Hoy Argentina elige presidente o, al menos, reduce los posibles a dos. Desde las PASO de agosto, las opciones son para el postkirchnerista Daniel Osvaldo Scioli Méndez y el centroderechista Mauricio Macri Blanco, en las encuestas con niveles semejantes a agosto (Scioli: 38 a 40%; Macri: 30 a 28%); de seguir esta tendencia, sería difícil ganar en primera vuelta, aunque ambos apuestan a captar el 20% no definido —más descreído que indeciso. Lejos está Sergio Massa Cherti, quien no remonta su 20% de las PASO pero sería árbitro del muy probable ballotage, y el resto no cuenta.

Y es que la paradoja de estas elecciones pasa porque ninguno de ellos se “vende” hoy más allá de un imaginario centro político: Scioli como centroizquierda cada vez más centro, Macri desde la centroderecha casi al centro y Massa centrista con movimientos de cadera hacia ambos lados inmediatos. Más allá de otras diferencias o confluencias, la economía es transversal a los tres programas: Scioli dice que va a corregir los desbalances macroeconómicos y ser menos populista que la dinastía K, Macri que mantendrá los bonos —producto de la bonanza de commodities que rebajaron la pobreza pero frustraron el desarrollo del país y crearon una gran población parásita que vota por los K— y Massa que aliviará los impuestos. La incredulidad de los votantes entrevistados raya 50% para todos ellos.

Los 32 millones de electores argentinos tendrán que decidir sobre el cambio gradual de Scioli para “seguir haciendo”, el “cambio es posible” de Macri o “el cambio justo” de Massa —homófono del programa español

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