Periodista: Gabriel Ortiz

Desolado, escondido y al final del camino un contenedor de basura donde la gente que ahí vive y trabaja tiene la esperanza de un mejor futuro, de poder dar estudio a sus hijos y en el caso de los niños, ayudar a sus padres.

Así es el contenedor de basura ubicado en las cercanías de la colonia Arturo Quezada que funciona desde hace 12 años y en el que día a día, unas 30 personas viven del trabajo que ahí se hace, lo utilizan como fuente de recursos para poder sostener sus familias.
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Son ocho niños entre cinco y quince años, cuatro mujeres y 18 varones los que trabajan y viven del dinero que obtienen por reciclar y botar la basura.

“Es tanta la necesidad que paso a diario que aunque el trabajo sea desagradable, no me queda más opción que hacerlo para poder llevarle algo que comer a mi familia”, expresó José Mejía una de las personas que trabaja en el contenedor.
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Mejía de 30 años de edad, al que la vida lo ha golpeado de muchas formas, perdió su esposa hace tres años y es padre de cinco niños el mayor de quince.

Su única fuente de trabajo es precisamente el salir cada día a las seis de la mañana con su carreta por los callejones de toda la colonia Quezada con su hijo menor de cinco años, recoge basura de cada casa y las personas le pagan por ese servicio.

Algunos de estas personas viven en el lugar, en pequeñas chozas hechas de cartón y plástico del mismo que sacan del basurero, las demás viven en las cercanías del contenedor y desde muy tempranas horas se movilizan a la colonia Quezada para iniciar con sus labores.
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Fuente de empleo

Así como José Mejía, más personas dependen de este contenedor, unas veinte personas salen a diario con su carreta a recoger la basura de toda la colonia y la llevan al basurero, otras seleccionan la basura que se puede reciclar.
Por cada bolsa de basura que ellos recogen en las casas cobran tres o cinco lempiras dependiendo del tamaño y por los sacos que son mas grandes cobran diez.

Aluminio, botes de plástico, papel, latas, son algunos de los materiales que reciclan, así como muchas veces consiguen camas, ropa, juguetes o algún electrodoméstico con algún defecto pero reutilizables, que las personas les regalan para que hagan uso de ellos o los vendan.

“Nos encontramos con gente buena que muchas veces nos regalan cosas que ellos ya no utilizan y que nosotros podemos utilizar”, agrego Mejía.
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Ellos llevan los materiales reciclables a un lugar para venderlo.

“Al ver la necesidad que ellos tienen dispuse mi casa para poderles comprar los materiales reciclables y facilitarles un poco la venta, así yo también obtengo una fuente de dinero”, comentó María Velásquez dueña de la vivienda y que también se beneficia del trabajo de los pepenadores de basura.

A diario son cien lempiras lo máximo que obtienen del trabajo que realizan, pero ellos aseguran que para todas las necesidades diarias que tienen como alimento, vestuario y la educación de sus hijos, esto en realidad es muy poco.

Falta de ayuda

Los pepenadores de basura aseguran que no tienen ningún tipo de ayuda del gobierno, ni de alguna organización u ONG.
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“Aquí nadie se acuerda de nosotros, ni el gobierno ni nadie más, la única ayuda que tenemos es la de Dios”, dijo con palabras entrecortadas José Mejía.

Mejía también dijo que han enviado varias notas a la Alcaldía Municipal del Distrito Central (AMDC), para que les ayuden aunque sea donándole carretas nuevas y en buen estado para su trabajo, pero que nunca han recibido ningún tipo de respuesta.

“Aquí la única persona que se acuerda de nosotros es la profesora Ángela, que en fechas especiales nos trae comidita rica y alguna ropa para nosotros y nuestros hijos”, afirmo María una de las cuatro mujeres que trabajan en el contenedor.
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Así como la historia de estos pepenadores de basura hay muchas en Honduras, el 43 por ciento de la población está sumergido en pobreza extrema según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

“Solo queremos un poco de ayuda por parte del gobierno o de cualquier otra persona que esté dispuesta a hacer que nuestros sueños y aspiraciones sigan vivos y que no se olviden que aunque aparentemente no somos agradables, somos personas”, termino diciendo Mejía.

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