La protesta social retomó ayer lunes su tercera semana en Chile, con decenas de miles de personas, en su mayoría estudiantes, manifestando en las calles para exigir cambios a un poder que parece impotente para apagar la crisis, en una jornada en la que se registró un sismo de magnitud 6,3 en la región central del país.

El sismo afectó las regiones Metropolitana, Coquimbo, Valparaíso, O’Higgins y Maule, informó el diario La Tercera. Las autoridades indicaron que no es necesario hacer una alerta de tsunami debido a que no hay condiciones para que se produzca ese fenómeno.

Mientras, convocados por las redes sociales a un “superlunes” de manifestaciones, los chilenos marcharon y se concentraron en las calles de Santiago y otras ciudades como Valparaiso y Viña del Mar.

En la capital, la jornada reunió temprano a manifestantes frente a los tribunales, los taxistas protestaron contra el cobro de peajes dentro de la ciudad y luego la protesta se hizo multitudinaria alrededor de la céntrica plaza Italia, donde se registraron algunos incidentes aislados con la policía.

“Esto aún no termina” es el lema para las protestas que convocan para esta semana en Chile, uno de los países más estables de América Latina hasta este estallido social sin precedentes, que sorprendió a un poder político que todavía no sabe cómo controlar la crisis.

Las protestas cuestionan un Estado ausente en educación, salud y jubilaciones dentro de un modelo económico de libre mercado, donde una minoría controla la riqueza del país. De esta manera se han multiplicado las voces de izquierda y derecha que piden cambiar la Constitución, una herencia de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

El presidente Sebastián Piñera, canceló la organización de la APEC, el encuentro de países de Asia y el Pacífico, así como y la cumbre del clima.

Una encuesta de Cadem divulgada el domingo, reveló que un 87% está a favor de que se cambie la actual Constitución.

Piñera paga con una caída estrepitosa de popularidad sus errores y tropiezos en la gestión de la crisis desde el primer viernes de protestas violentas.

En un fin de semana de saqueos e incendios de infraestructuras y desmanes, decretó el estado de emergencia, sacó a los militares a las calles e impuso un toque de queda.

Con 13% de aprobación, según Cadem, es el jefe de Estado con las cifras más bajas desde el regreso a la democracia en Chile, en 1990.

Publicado originalmente por adndigital.com.py

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