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El Papa Francisco critica a los «palabreros» del Evangelio y destaca los gestos de amor

Este domingo 18 de junio, el Papa Francisco instó a los creyentes a transmitir la cercanía de Dios a través de gestos de amor y servicio desinteresados, y manifestó “perplejidad” ante los que sólo hablan, pero no realizan gestos concretos de amor evangélico. 

“Déjenme decirles algo. Me desconciertan, y mucho, siempre, los ‘palabreros’, con su mucho hablar y nada de acciones”, afirmó el Papa Francisco, que regresó a presidir el rezo del Ángelus desde la ventana del Palacio Apostólico del Vaticano tras ser dado de alta del Políclinco Gemelli. 

En su predicación explicó la importancia de proclamar la cercanía del Reino de los Cielos. “Jesús llama por nombre y envía a los doce Apóstoles. Al enviarles, les pide que  anuncien una sola cosa: ‘Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca’ (Mt 10,7)”.

Describió que la proximidad de Dios no sólo nos brinda consuelo en momentos difíciles, sino que también “nos impulsa a confiar en Él y a ser testigos de su amor”. 

“Es más, a menudo en los momentos en los que eres más débil puedes sentir más fuerte su presencia. ¡Él conoce el camino, Él está contigo, Él es tu Padre, Él es mi Padre, Él es nuestro Padre!”, sostuvo.

El Santo Padre destacó la importancia de adoptar una actitud de niños, confiando en la protección del “Padre celestial” y abriéndonos al amor. 

“Nos quedamos en esta imagen, porque anunciar a Dios cercano es invitar a pensar como un niño, que camina de la mano del padre: todo le parece diferente. El mundo, grande y misterioso, se vuelve familiar y seguro, porque el niño sabe que está protegido”.

El niño, sostuvo, “no tiene miedo y aprende a abrirse: encuentra otras personas, encuentra nuevos amigos, aprende con alegría cosas que no sabía y después vuelve a casa y cuenta a todos lo que ha visto, mientras crece en él el deseo de hacerse mayor y hacer las cosas que ha visto hacer al padre”. 

“Es por esto—agregó— que Jesús parte de aquí, porque la cercanía de Dios es el primer anuncio: estando cerca de Dios vencemos el miedo, nos abrimos al amor, crecemos en el bien y sentimos la necesidad y la alegría de anunciar.” 

Recalcó que “si queremos ser buenos apóstoles, debemos ser como los niños: sentarnos “en las rodillas de Dios”. Exhortó a “mirar el mundo con confianza y amor, para testimoniar que Dios es Padre”.  

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