El Salvador.-Al mediodía del 16 de enero de 1992, y como uno de los cinco comandantes del guerrillero Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), Salvador Sánchez Cerén entró victorioso al Palacio de Chapultepec, en el corazón de la ciudad de México, para firmar los acuerdos de paz que acabaron con 12 años de guerra civil en El Salvador.

Al mediodía de hoy, el maestro salvadoreño que se convirtió en jerarca insurgente entrará al recinto de la Asamblea Legislativa de su país para jurar como Presidente de El Salvador y unirse a un exclusivo club integrado sólo por otros cinco ex comandantes de las guerrillas comunistas —Fidel y Raúl Castro en Cuba, Dilma Rousseff en Brasil, Daniel Ortega en Nicaragua y José Mujica en Uruguay— que en la segunda mitad del siglo XX estremecieron a América Latina y el Caribe y que llegaron a la presidencia de sus países por las armas, por las urnas o por herencia.

Sánchez, quien cumplirá 70 años el 18 de este mes, negoció la paz con las fuerzas más radicales de la oligarquía económica y militar salvadoreña y asumirá una gestión presidencial de cinco años marcado por el estigma de que conducirá a la más pequeña nación de Centroamérica al bloque izquierdista de América Latina y el Caribe encabezado por Cuba y Venezuela.

El nuevo gobernante recibe la presidencia de manos del periodista Mauricio Funes, quien gobernó desde 2009 tras vencer como postulado del FMLN, y tomará las riendas de una nación polarizada. El triunfo de Sánchez como candidato del FMLN fue por estrecho margen, en marzo pasado en segunda ronda, ante la derechista Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), que gobernó de 1989 a 2009.

Pese a que hace 22 años vive en paz política, y la época de la guerra que dejó entre 75 mil y 80 mil muertos parece lejana, El Salvador es un generador de migración masiva hacia Estados Unidos (vía México), tiene una creciente deuda social, con el 12% —más de 700 mil personas— de sus 6.3 millones de habitantes hundidos en la subnutrición y es uno de los países más violentos del mundo, con 69 homicidios por cada 100 mil personas. La inseguridad es atizada por la constante y acelerada penetración del narcotráfico y por las maras o pandillas juveniles en un escenario fértil de desigualdad social, con más del 45% de la población azotada por variados rangos de pobreza.

“Un niño que aprende a tocar un instrumento (musical) es un niño que jamás va a querer aprender a tocar un arma”, dijo la universitaria salvadoreña Alejandra Cuéllar, de 19 años, a Diario1, uno de los principales periódicos digitales de El Salvador, al insistir en que Sánchez debe otorgar máxima prioridad a la prevención con programas culturales. Sánchez asume ante el “clamor popular” de más seguridad, destacó el periódico.

El principal desafío de Sánchez “será resolver el problema de la inequidad social y de género”, dijo América Romualdo, activista de Concertación Feminista, que agrupa a las organizaciones femeninas de El Salvador. “La equidad es la clave hacia el desarrollo”, afirmó.

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