Es muy fácil detectar los casos de “bullying” (acoso o hostigamiento) cuando la agresión es declarada y evidente, claramente se distingue el agresor y a la víctima. Sin embargo no siempre son tan obvias las acciones. De hecho… con frecuencia la persona que es víctima ni siquiera se percata de lo que está sucediendo.

Además, en muchas ocasiones la persona que es atacada (verbal o físicamente), se autodenomina la culpable y hasta piensa que merece ser excluida. La indiferencia, las fiestas exclusivas y el comadreo privado en un grupo público, también son parte del inicio de algo que se puede tornar en un problema más serio y, en casos, lamentable.

Las personas que hostigan pueden ser un problema desde una temprana edad. Casi 10% de los niños en edad escolar han sido víctimas del acoso escolar. Los que atracan, generalmente buscan para agredir a niños que de alguna manera son más tranquilos, dóciles, pasivos o inseguros.

Atreves de toda las épocas siempre se ha escuchado de problemas en los salones de la escuela y/o grupos juveniles, de alguna manera cada quien en su momento lo ha aprendido a manejar y a superar.

¿Qué pasa hoy en día? ¿Por qué la situación se ha escalonado tanto al grado que las víctimas han llegado en ocasiones hasta el suicido?

La realidad es que las relaciones personales son complicadas. Independientemente de la edad siempre puede haber alguien que impone, intimida, agrede y alguien que no se sabe defenderse o se acobarda. Quizá entonces seria prudente entender que no se puede controlar los comportamientos, pensamientos y los sentimientos de los otros pero si se puede desarrollar un poco mas de conciencia y de sensibilidad personal.

Si conoces a una persona que es víctima o es un bully, ayúdalo, no hay que seguir nutriendo sus actitudes destructivas, después de todo es tan malo ser el agresor como ser el agredido, tanto uno como el otro tienen grandes oportunidades para crecer, mejorar y ser mejor persona.

Puntos importantes para manejar esta situación:

La autoestima se enseña y se nutre en casa. Cuando los padres sobreprotegen, lastiman o critican a sus hijos, estos son más vulnerables y son presa fácil para que otros hagan lo mismo.

Los bullys en general no actúan solos. Buscan compañía, apoyo y, sobretodo, público. Esta es su manera de demostrar su poder e intimidar a la persona que se deja.

Los bullys no tienen problemas con una persona en especial, sino que agreden a quien se presta. Una vez que esto está claro es más fácil no tomarlo en forma personal y no engancharse en su mal trato.

La Receta:

Ingredientes:

1 cucharada de conciencia – reconocer que toda persona tiene sentimientos

1 taza de responsabilidad – obligación moral de actuar correctamente sin perjudicar

2 piezas de autoestima – valor y amor propio, nadie puede lastimarte si no lo permites
3 rebanadas de flexibilidad – capacidad de aceptación de personas distintas a uno

1 manojo de integridad – fortaleza para no hacer o decir cosas que se mal interpreten

1 rebanada de buen ojo – buscar siempre cualidades positivas en los demás
Recomendación del chef:

Identifica a los bullys. Si puedes, evítalos. Si no puedes, protégete emocionalmente para no ser parte de su juego. Recuerda que la intimidación no es solo es una agresión física, puede ser verbal o emocional.Recuerda que una opinión acertada puede cambiar el destino de una persona, No es bueno esperar a que suceda un problema o surja una crisis para escuchar o dar una buena opinión.

Modo de preparación:

Los bullys también tienen problemas personales. Tratan de sentirse poderosos maltratando a los demás. No son tan fuertes como parecen.

Toda persona tiene y debe usar su propia elección. La libertad inicia cuando uno se hace responsable de sus acciones y de las consecuencias. No se trata de impresionar o de obtener reconocimiento por miedo o por lastima.

La vida cambia y las circunstancias también. Los que un día dominan en otro momento no lo harán. Es importante no solo vivir en el momento sino ver más allá, uno no sabe a quién puede necesitar o ayudar en un futuro.

“La verdadera autoestima se nutre con buenas acciones, responsabilidad y conciencia, nunca con opresión, ofensas y mucho menos lastimando a otros.”

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