BARCELONA El Espanyol homenajeó a Tamudo y Cristiano Ronaldo se dio un homenaje, a lo bestia, en Cornellá. El Real Madrid contempló desde la distancia como la hinchada periquita aplaudía a su última leyenda y en cuanto el vasco Vicandi Garrido dio comienzo al encuentro, el rodillo merengue acabó en un abrir y cerrar de ojos con las esperanzas del equipo catalán para lograr una victoria de record.

Record madridista y record para Cristiano, con sus cinco goles para ser su mejor producción en un partido fuera de casa e igualando el repoker que ya consiguiera en abril, en el Bernabéu, frente al Granada.

El portugués disparó siete veces a puerta, cinco de esos remates entre palos para acabar en gol y dos fuera, uno de ellos por bien poco. Redondeó su espectáculo con una asistencia para Benzema y dejó claro que ha vuelto para quedarse. En dos jornadas cero goles; en tres jornadas, cinco. Poco o nada más a decir.

El Real Madrid, que venció en el desaparecido estadio de Sarrià por 1-5 en 1991 con un hat-trick de Fernando Hierro y sendos goles de Michel y Luis Enrique, batió su mejor marca como visitante frente a un Espanyol que ya suma 18 partidos sin conocer la victoria frente al equipo merengue y que sufrió la peor de las humillaciones que se recuerdan en su nuevo estadio.

Cristiano, puro y desbocado, mandó por activa y por pasiva en el terreno de juego, marcando o asistiendo, corriendo, cambiando el ritmo y disfrutando como hacía tiempo que no se le veía. Si alguien insinuó que el portugués atravesaba una crisis o sufría una depresión futbolística, la medicina con que le obsequió el Espanyol no pudo ser mejor.

En veinte minutos ganaban los merengues por 0-3 y en una hora ya habían encajado una manita al pobre y derrumbado Espanyol, rendido a la evidencia y dejando en nada el aviso del viernes de su presidente Collet. “Les vamos a dar guerra” vaticinó el presidente sin sospechar que la guerra sería, simplemente, un aplastamiento.

El Madrid de Benítez mejoró las prestaciones del de Ancelotti, que hace cuatro meses venció en este mismo escenario por 1-4, para desnudar sin piedad a un Espanyol descompuesto desde la presentación y que encajó tres goles de Cristiano Ronaldo en los primeros cuatro remates a puerta.

Cristiano, nuevo número uno en la historia goleadora del Real Madrid en la Liga, superando los 228 goles anotados por Raúl, disfrutó como no podía imaginar. Después de no ver puerta en las dos primeras jornadas frente a Sporting y Betis, el portugués encontró las máximas facilidades para desencallar por la vía rápida el partido.

Si la idea del Espanyol era plantear un partido falto de ritmo y en el que el Madrid se encontrase incómodo, el plan saltó por los aires en apenas seis minutos, con el primer remate del delantero portugués, cruzado, para batir a Pau y colocar la duda en los periquitos, que ya no supieron si ir a por el empate a tumba abierta o esperar una mejor oportunidad.

No tuvieron apenas tiempo para pensarlo los de Sergio González, por cuanto un evitable derribo de Álvaro a Bale fue castigado con el lógico penalti y en su segundo remate Cristiano Ronaldo, a los 17 minutos, conseguía el 0-2. Y sin tregua, a los veinte, masacró por tercera vez el portugués. Nunca el Espanyol había sufrido un castigo tan rápido.

Antes de alcanzar la media hora el ‘7’ regaló a Benzema el 0-4 en ese festival en que los blanquiazules no sabían ni como colocarse y si el descanso le regaló paz al equipo catalán, solo la calma con que se tomó el Madrid la segunda mitad evitó que la goleada, humillante, alcanzase el grado de descomunal.

Pero no la del record porque Cristiano aún tenía ganas de aumentar su festival y lo hizo con otras dos dianas para cerrar el partido con un impresionante 0-6 en el que el luso fue arte y parte: cinco goles, una asistencia y una tarde para enmarcar.

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