enero 17, 2021

Columna: ¿Más de lo mismo en un país en crisis?

Imaginemos que usted vive en un país que tiene una inflación anualizada de 219,4% —pero datos filtrados de su Banco Central calculan 236,3%— y la de este año hasta octubre subió a 185%, aunque su gobierno calcula 80% pero seguro usted no le cree porque el gobierno no va a los mercados ni hace larguísimas colas para encontrar, al menos, algún producto de los muchos deficitarios (el FMI calculaba 159% a fines de septiembre y para 2016 auguraba 204,1%, aunque una empresa seria que se llama Ecoanalítica calculó 300% para el próximo año sino no hay crisis institucional, porque si hubiera puede llegar a 800%): eso es una hiperinflación, algo que diluye cualquier salario de un trabajador.

Sigamos imaginando que el salario básico mensual de ese trabajador es de 9.649 —no importa cómo se denomina la moneda— y el ticket de alimentación —un plus para sobrevivir— es de 6.750, lo que hace que ese trabajador reciba cada mes 16.399; es decir, 546,63 para cada uno de los 30 días del mes promedio.

Sin embargo, la canasta básica para un familia de cinco miembros cuesta (con muchos precios subsidiados) es de 12.824,61 (aumentó 314,3% en un año), el porcentaje de escasez a septiembre superaba 70% de los productos básicos y a eso súmele qué la economía decrecerá este año 10% y para 2016 decrecerá 6%. Además, su principal producto de exportación vale ahora menos de un tercio de lo que valía hace un año y no hay visos de que varíe en el mediano plazo. No mencionaré corrupción, violencia y tras menudencias…

Supongamos, además, que en su país hoy hay elecciones para su Asamblea Nacional y los que creen que eso no aguanta más fueron 63% de los que respondieron encuestas (28% dijo que votaría por el gobierno culpable).

Ese país es Venezuela. ¿Más de lo mismo?

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