Por: Katerine Mendoza

La Esperanza e Intibucá, al occidente de Honduras, dos ciudades gemelas incorporadas en un mismo pasado y en camino a un mismo futuro, asentadas a 1,700 metros sobre el nivel del mar, ambas se convierten en una sola esencia ante los ojos de los visitantes.

Para el mundo exterior puede ser una sola ciudad, sin embargo, cuando los visitantes se establecen en estas localidades un lapso de tiempo, se dan cuenta que hay varias diferencias notorias, como las dos iglesias católicas una para los esperanzanos y otra para los intibuqueños, las alcaldías son distintas y los mercado también.FOTO3

Aunque están ligadas a un mismo futuro por sus cercanías, progresan de maneras distintas, pero no hay nada que envidiar en cuanto a patrimonio en ambas ciudades. La Esperanza es cabecera del departamento.
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Intibucá mantiene una población predominantemente lenca, La Esperanza es mayoritariamente ladina (mestiza). Curiosamente, comparten el Parque Central, uno de los mayores atractivos, remodelado y decorado para cada ocasión, el parque mantiene el estilo clásico de las plazas coloniales.

A pesar de todas las diferencias notorias de las ciudades, pasan inadvertidas para el visitante que llega por primera vez o que no indaga en su historia y geografía. No existen límites señalados entre ambas y lo primero que se percibe es una sola ciudad con un clima extraordinario.
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Historia de fundación. Los primitivos habitantes de Intibucá fueron de origen Lenca, cuyo grupo fue el más numeroso y extenso en el occidente del país, enfrentaron el proceso de conquista español siendo sometidos y obligados a dejar las mejores tierras de cultivo, obligándolos a refugiarse en las tierras altas, sin embargo, lograron adaptar a este tipo de tierra y clima sus productos, fue creado en abril de 1883 con los territorios de los departamentos de Gracias y La Paz.

Un recorrido por este hermoso lugar comienza con la vista a una grandiosa laguna, ubicada a las orillas de la carretera, muy limpia y con novedades como un restaurante y paseos por canoas, con acceso a autos para poder pasar una tarde entre un clima fresco.
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A la orilla de la carretera se puede sentir el delicioso olor de los atoles, nativo de este lugar, servido en guacales y apto para todo tiempo, el café, el atol y los té son las bebidas más codiciadas.

Dedicados al comercio, al cultivo de papas, moras, fresas, duraznos, manzanas y maíz (el departamento de Intibucá es el mayor productor de papa del país). La producción de textiles y la alfarería en barro blanco son otros de los principales rubros del pueblo Lenca.
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Estas artesanías se unen a nuevas alternativas de ingresos como la elaboración de vinos, los hoteles, las frutas en almíbar y el turismo rural. Todo parece indicar que las dos ciudades gemelas comienzan a formar un nuevo futuro.

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