Liderazgo en sector privado y emprendimiento, remuneración equitativa y violencia permanecen como principales retos

Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en los últimos años los países de la región han alcanzado logros importantes en términos de equidad de género. En menos de una generación, la participación de las mujeres de América Latina y El Caribe (LAC) ha avanzado hasta ocupar el 25% de los escaños legislativos en congresos y parlamentos de los países de la región, cifra solamente superada por los países nórdicos.

Actualmente, 3 de nuestros países miembros figuran entre los 10 congresos nacionales con mayor proporción de mujeres a nivel mundial: Bolivia (53%), México (42%) y Ecuador (42%), representación que se ha triplicado desde la década de los noventa en donde la participación femenina era solamente del 9%.

Con un promedio de 25% más mujeres que hombres matriculados, hoy somos la tercera región del mundo en contar con más mujeres que hombres asistiendo a las universidades. Porcentaje solamente superado por Norteamérica y Europa Occidental. Asimismo, en nuestros países el 53% de las mujeres están vinculadas al mercado laboral, excediendo el promedio global de 50%.

Sin embargo, a pesar de estos y otros avances, persisten importantes retos: a excepción del Caribe, donde las mujeres ocupan el 18% de los cargos en directorios de empresas y el 29% de los puestos ejecutivos, en promedio, sólo 8.5% de los miembros de juntas directivas en América Latina son mujeres.

De hecho, según un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (Piras, et al), basado en datos de 1.259 empresas que cotizan en bolsa de 31 países de nuestra región, el 63% de las empresas latinoamericanas no cuenta con mujeres en sus directorios y el 73% no tiene ni una sola mujer en la alta gerencia. Además, como en muchas otras partes del mundo, la brecha salarial entre hombres y mujeres aún persiste, oscilando entre el 10% y el 40% de diferencia en el pago por trabajos similares en nuestra región.

Otro reto urgente a superar, es el flagelo de la violencia contra las mujeres. Una de cada tres mujeres ha sido víctima de violencia física o sexual por parte de su pareja, lo que no solo conlleva un enorme sufrimiento humano sino representa un importante costo para el sector privado al afectar el nivel ausentismo, productividad y retornos. Según datos disponibles, se calcula por ejemplo que en Perú las pérdidas que se atribuyen a la violencia doméstica equivalen al 3.7% del PIB, superando en Bolivia el 6%.

“La equidad de género no es solo un asunto de solidaridad o justicia social, se trata de un tema crucial para la competitividad de la región pues el empoderamiento económico y la participación laboral femenina, generan mayores ganancias para las empresas, contribuyendo así a la prosperidad de nuestros países países”. Señaló Andrew Morrison, jefe de División de Género, Inclusión y Diversidad del BID.

Como parte de las medidas para promover la equidad de género en la región, y para predicar con el ejemplo, el BID obtuvo recientemente la Certificación Internacional EDGE, un estándar internacional que utiliza una rigurosa metodología para evaluar a las empresas en términos de igualdad en la remuneración por trabajo equivalente, reclutamiento y promoción, desarrollo de liderazgo, capacitación y programas de menitoreo con el objetivo de ayudar a las organizaciones a crear lugares de trabajo óptimos tanto para hombres como para mujeres.

Continuar trabajando para superar los diversos retos que impiden un estado de equidad de género a plenitud, representa hoy día una de las principales tareas pendientes de la región.

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