WASHINGTON.- Prevenir antes que tratar es la norma. Una alimentación adecuada en la niñez, con presencia de todos los grupos alimenticios, evitará consecuencias en la edad adulta. Los malos hábitos que los padres permitan que se formen en la infancia acompañarán al niño durante toda su vida.

Si el niño se opone a comer verduras, frutas o pescado se deben buscar alternativas para que estén presentes en su alimentación. De una dieta sana, equilibrada y variada durante los primeros años de vida dependerá el metabolismo del adulto.

Menos desarrollo y concentración y más cansancio son algunas de las consecuencias de una mala alimentación en los niños. Por ejemplo, les costará mucho más estudiar o leer.

Los niños malnutridos sufren alteraciones en la piel y en la pigmentación del cabello. Los problemas de visión y un desarrollo físico y mental inadecuado son frecuentes, al igual que enfermarse con más facilidad.

Por exceso o por defecto, la malnutrición acarrea serios daños en el organismo. El peso y la talla fuera de los valores normales son una de las consecuencias de una mala alimentación en los niños. También puede ocasionar hipertensión arterial, osteoporosis, enfermedades renales y del corazón. No hay que olvidar que el aumento del colesterol y ciertos tipos de cáncer son otros de los riesgos de una mala alimentación.

Publicado originalmente por adndigital.com.py

Related Posts

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *