Al Momento columna

COLUMNA: EL MUNDO LOS VIGILA

Dr. Raúl Batres Médico hondureño

La Asamblea Mundial de la Salud (AMS) es el órgano supremo de la OMS en el que se toman las más importantes decisiones en este campo, se realiza en el mes de mayo de cada año en la sede de la organización en Ginebra, Suiza.

El 2022 marca la septuagésima cuarta cumbre de esta naturaleza del 24 de mayo al 01 de junio. Ahí estarán representados todos los países del orbe a través de sus ministros de salud o sus delegados.

Desde luego que la elección de un secretario general para la OMS ocupa un punto importante de agenda, pero no el único; el COVID 19 y su entorno seguirán tomando un lugar preponderante en los debates de la comunidad sanitaria mundial. Resulta inadmisible que un segmento poblacional, por la causa que sea, se excluya de tan sublime evento en el que se toman las más importantes determinaciones sobre un bien supremo de la humanidad inherente a la vida misma, la salud.

La Asociación Médica Mundial en octubre del año recién pasado emitió un enérgico voto mayoritario de sus miembros por 91-16, aprobando una resolución que apoya la participación de Taiwán en todos los programas de salud de la OMS y desde luego en la Asamblea Mundial de la Salud.

Esa acción evidenciaría una señal clara para considerar una participación pacifíca de la representación taiwanesa a nivel internacional, por lo que la OMS debería otorgar a Taiwán el estatus de observador en la Asamblea Mundial de la Salud y con ello una participación en todos sus programas de salud de manera sustantiva, oportuna y profesional.

Esta petición elevada al director general de la OMS es compartida por sanitaristas de todo el mundo, quienes seguimos a la espera de la respuesta del Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, principalmente, cuando el mundo deviene en la obligación de enfrentar como un bloque la búsqueda de respuestas a los retos derivados del giro inesperado que está tomando la pandemia de COVID 19, misma en la que Taiwán puede aportar valiosos elementos de utilidad global sin ningún costo para la humanidad.

El COVID 19 nos ha recordado a todos que la búsqueda de la salud, principalmente el combate a las enfermedades infecto-contagiosas, no tiene fronteras. En el pasado reciente Taiwán debió enfrentar diversas epidemias en solitario, sin la ayuda de nadie, muchas veces con éxito, otras veces con lecciones aprendidas a un costo muy alto, pero gracias a ello se fortaleció grandemente y también adquirió la conciencia colectiva de la importancia del apoyo mutuo entre las naciones y los bloques de la Tierra, encontrando el estímulo para un pensamiento innovador.

Ese pensamiento, es el que tiene a Taiwán promoviendo una cooperación incluyente para buscar la anhelada recuperación postpandemia que el mundo entero reclama; pero, aunado a lo anterior, hay un país de más de 23 millones de seres humanos a quienes no se les puede cercenar el derecho a participar en esta búsqueda de respuestas a un problema que nos ocupa a todos, sobre todo si consideramos que la voluntad de estos diligentes habitantes de una nación tan solidaria, es ser representados ante estas instancias de salud por sus legítimas autoridades.

Desde esta atalaya solidaria, me uno al clamor de muchos, principalmente a lo expresado por la Asociación Médica Mundial en torno a lo imperativo de la participación taiwanesa en los órganos que velan por la salud de los seres humanos de nuestro planeta, sin excepción; pero también le recuerdo a las autoridades de la OMS, que el mundo los vigila y espera de sus actuaciones y determinaciones, coherencia con los inalterables postulados del bien común y la ética. La humanidad os lo exige.

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