Reaccionaron en mitad de la tragedia con valentía y arrojo, no dudando en poner en riesgo su vida por salvar la de los demás. El terrible hundimiento de un ferry, el Sewol, frente a las costas norcoreanas, ha dejado hasta el momento más de un centenar de muertos y unos 200 desaparecidos, varios de ellos miembros de la tripulación que se quedaron en el barco mientras que este se hundía.

No puede decir lo mismo el capitán, que huyó y que ya ha sido detenido por abandonar sus responsabilidades.

Pero hay un caso que es el que se está llevando todo el protagonismo por la generosidad y el coraje que demostró su protagonista Desgraciadamente, no pudo salir con vida de ese ferry.

Se trata de Park Ji Young, una chica de 22 años que tuvo que dejar sus estudios y ponerse a trabajar para ayudar a su familia por la muerte de su padre. Empezó en una compañía de transbordadores en 2012 y hace apenas seis meses fue trasladada al Sewol tras demostrar sus habilidades.

Pero no pudo salir de él cuando se produjo el hundimiento; de hecho no llegó a tener chaleco salvavidas en ningún momento.

Park se afanó en distribuirlos entre los pasajeros –323 del total de 476 eran adolescentes en un viaje de estudios- y cuando se acabaron subió al piso de arriba a por más. Mientras tanto el ferry se hundía y el agua lo estaba inundando todo.

Cuando le preguntaron que por qué ella no llevaba, su respuesta no pudo ser más contundente: los miembros de la tripulación serían los últimos y cuando se hubiese salvado todo el mundo, fueron sus palabras según los testigos presenciales.

No fue el único gran gesto que tuvo; hace unos días se presentó en su sala funeraria un hombre con heridas en la cabeza. Interrogado por la familia sobre quién era, aseguró que estaba “muy agradecido” a Park porque colocó una toalla sobre su cabeza cubierta de sangre durante el hundimiento y le ayudó cuando el agua subió.

Pero Park no fue la única. Se sabe que al menos siete miembros de la tripulación han fallecido o están desaparecidos después de ayudar al rescate. Es el caso de Yang Dae-hong que habló con su mujer por teléfono cuando el barco comenzó a hundirse.

“Voy de camino para salvar a los niños”, fueron sus últimas palabras. Ahora está desaparecido.

Otros intentaron trabajar desde embarcaciones cercanas para romper las ventanas de varios camarotes y poder rescatar a varios pasajeros que estaban atrapados en sus cabinas.

Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos y sacrificios que algunos realizaron, la sociedad surcoreana clama contra la tripulación por su cobardía en esta situación de emergencia. Buena culpa de ello la tiene el capitán del ferry que abandonó la nave dejando atrás a todos los pasajeros. El escándalo es tal que hasta la propia presidenta del país, Park Geun-hye lo calificó como “un acto de asesinato, incomprensible desde el sentido común”.

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