El jefe de sicarios de Pablo Escobar se sentía tranquilo en la cárcel colombiana de Cómbita. Conversaba con los guardias y aprovechaba el tiempo para estudiar. “Aquí es muy seguro”, decía

Luego de 24 años tras las rejas, el jefe de sicarios del extinto narcotraficante Pablo Escobar salió en la noche del martes pasado de la cárcel de alta seguridad de Cómbita, Boyacá.

Antes de quedar libre, John Jairo Velásquez Vásquez agradeció la seguridad que sentía en ese establecimiento en el cual estuvo 10 de los 24 años que pasó privado de su libertad. “Aquí es muy seguro. Ni siquiera hay ladrones”, señaló antes de salir a la calle.

De acuerdo a la información que publica Semana, “Popeye” se sentía confiado y reivindicaba ese lugar porque no sufrió “ni un rasguño”. Era el único que estaba alojado en el Pabellón de Recepciones, el lugar de llegada de los presos de máxima seguridad.

Pasaba las horas hablando con los guardias y con las trabajadoras sociales. Asumió con tanto rigor su formación que obtuvo una veintena de diplomas que guardaba con satisfacción en una carpeta plástica.

El mismo portal agrega que aquel que quisiera acercársele debía pasar por cinco puestos de seguridad con escáneres, sentarse en una silla eléctrica que detecta metales y dejar joyas, relojes, correas y dinero.

Velásquez, de 52 años y quien obtuvo rebajas por estudio y trabajo en la prisión, fue el jefe de pistoleros del máximo líder del Cártel del Medellín durante la sangrienta guerra que libró esa organización criminal contra el Estado colombiano en la década de 1980 y comienzos de los años 90 para impedir la extradición.

El Cártel de Medellín fue responsable del envío de miles de kilos de cocaína a los mercados de Estados Unidos y Europa.

El antiguo asesino a sueldo de quien fue en su momento el narcotraficante más buscado del mundo, admitió su participación en unos 300 crímenes, incluidos políticos, periodistas, policías y otros enemigos de su ex jefe, muerto en un operativo de la policía en la ciudad de Medellín, en diciembre de 1993.

Velásquez, quien se entregó voluntariamente a la justicia en 1992, participó en secuestros como el del ex presidente Andrés Pastrana cuando era candidato a la alcaldía de Bogotá y del periodista Francisco Santos, quien años después se convirtió en vicepresidente durante el gobierno de Álvaro Uribe.

También participó en el magnicidio del candidato presidencial Luis Carlos Galán y fue implicado en el atentado de un avión que explotó en el aire con un saldo de 107 personas muertas en noviembre de 1989.

Antes de su puesta en libertad, Velásquez le dijo a Semana que cuando saliera de la cárcel le gustaría trabajar dando conferencias a los jóvenes para que no caigan en el mismo error que él cometió. Y se mostró esperanzado en que no le iba a pasar nada. Igualmente, sabía que fuera de prisión había riesgos porque el único lugar absolutamente seguro era este espacio donde estuvo tranquilo.

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