San Pedro Sula.-. “Seis décadas de dolor, luto y sufrimiento quedaron atrás con el cierre del Centro Penal de San Pedro Sula”, afirmó hoy el presidente Juan Orlando Hernández y añadió que “no vamos a volver a permitir que desde las cárceles se atente contra el pueblo hondureño”.

El cierre de ese centro penitenciario fue posible gracias a la Operación Arpía, efectuada por los miembros de la Fuerza de Seguridad Interinstitucional Nacional (Fusina), en la que se trasladaron los 4,817 reos de alta, mediana y baja peligrosidad de San Pedro Sula a distintas cárceles de todo el país (del 15 de marzo al 13 de octubre de 2017).

Desde el ya clausurado presidio “se afectó fuertemente a la región norte y todo el país”, pues hubo “matanzas, tiroteos, planificaciones de actos grotescos dentro y fuera del centro penal”, señaló el mandatario en el acto de cierre de la prisión junto a autoridades civiles y militares.

Un nuevo espacio de crecimiento

El titular del Ejecutivo expresó que ahora, con el nuevo sitio que se construirá, “acá habrá crecimiento económico; será un centro de atracción para las personas que antes vivían con temor, zozobra y escondidas en sus casas”.

Se generará crecimiento económico para las familias al elevar la plusvalía de cada vivienda en la zona del antiguo centro penal sampedrano, remarcó Hernández.

Los hallazgos

El gobernante subrayó que en el recorrido realizado por el interior de la cárcel encontró caletas sofisticadas hasta con sensores e hidráulicas que había en algunos módulos.

Añadió que “la desidia” era lo que imperaba por parte de las autoridades al dejar “hacer cosas y actos indebidos en ese centro penitenciario”.

Los centros penales en Honduras, y el de San Pedro Sula en particular, han sido ejemplo de ese desorden, pues había una especie de piscinas, juegos y otros privilegios. “Eso no es estar en prisión. Eso es estar en libertad”, remarcó el gobernante.

Estadísticas tienen rostro

Los altos índices de criminalidad en el país que se registraron del 2006 al 2010 son el resultado de cosas y acciones que se dejaron de hacer, arguyó.

A “las estadísticas hay que ponerles la cara de cada hondureño que ha perdido la vida”, indicó Hernández, al tiempo que dijo que “es el momento de ponernos a reflexionar qué es lo queremos para Honduras”.

“No debe de volver a existir que en las cárceles operen bandas criminales y se orquesten actos criminales y delictivos “, insistió.

Arriesgarlo todo por los cambios

“Hoy, gracias a Dios esto cambia. Si yo hubiese dicho qué era lo que iba a hacer al construir cárceles de máxima seguridad, probablemente ni me hubiesen dejado llegar a la Presidencia de la República”, reveló en todo enérgico el mandatario.

“Desde acá decimos: no más actos criminales, extorsiones y gente delinquiendo en los presidios. No más privilegios en las cárceles”, puntualizó.

Asimismo, apuntó que se han construido cárceles de máxima seguridad para quitarles los privilegios a las personas que han sido juzgadas por actos criminales y que son una amenaza para la sociedad.

“Aspiramos a que la gente viva en paz, por eso hacemos esto”, subrayó Hernández, al tiempo que reflexionó que “no debemos de olvidar por qué pasó esto”.

El jefe de Estado precisó que en los centros penales existían pequeños supermercados, en los que operaban a sus anchas los capos.

“Ahora tenemos nuevos centros penales en donde los privados de libertad estarán en condiciones mejores que estas cárceles viejas”, acotó.

El titular del Ejecutivo agradeció a Fusina, a los bomberos, militares, policías, Cruz Roja y otras instituciones y autoridades por haber participado en la Operación Arpía.

“La desidia y el dolor han marcado a esta sociedad sampedrana. Hoy, con la participación de la sociedad, podremos construir un espacio digno, de armonía y de paz para las familias”, apuntó.

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