diciembre 2, 2020

Que volvería a luchar con la misma contundencia contra la criminalidad, afirmó el presidente Juan Orlando Hernández en una histórica ponencia ofrecida ante el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Hernández expuso ante la OEA, por invitación de sus máximas autoridades, los significativos avances que ha logrado Honduras en los últimos años en materia de seguridad y que hoy sirven de referencia a nivel regional.

“Nunca pensé que en mi lucha para liberar a Honduras de los grupos criminales iban a ser afectadas personas a quienes conozco, pero así fue, y si yo tuviera que tomar la decisión de nuevo, haría exactamente lo mismo, sin dudas ni pausas”, manifestó el gobernante.

“Lucharía de nuevo -prosiguió- por cada una de las acciones fuertes y efectivas; el mismo compromiso por liberar a mi país de estas fuerzas malvadas y perversas de esta criminalidad”.

Hernández agregó que “estamos en medio camino en esta lucha histórica. No podemos desistir hasta vencer a quienes han mantenido sometido a nuestro pueblo, porque la única alternativa a la victoria es la derrota, que para Honduras significaría volver hacia atrás, a como estuvimos, al borde de ser un Estado fallido”.

Las maras en la política

El titular del Poder Ejecutivo lanzó un llamado de atención a la comunidad continental a efecto de estar atenta a la amenaza de infiltración de las maras y pandillas en los procesos electorales, con el fin de obtener poder político.

“A través de la violencia (las maras) ejercen poder político influyendo en los resultados electorales, amenazando al derecho del libre sufragio por el terror y amenazas”, apuntó.

En ese sentido, ejemplificó que “a nivel nacional, en el año 2017, se ha podido demostrar que la agresión e intimidación electoral por las maras y pandillas, y otros grupos criminales, impidió la participación electoral de aproximadamente 200.000 votantes que apoyaban al partido de Gobierno”.

“Yo quiero pedirles a todos ustedes, representantes de los pueblos de América, que le prestemos toda la atención a esto, porque cuando se llega a un punto donde no importa si se somete a un pueblo en su momento de ejercer el sufragio, quienes dirigirán los destinos de nuestros países es el mundo criminal. Así de claro”, sentenció el gobernante.

Cómo Honduras ha logrado mejorar

“La suma de voluntad política, el esfuerzo y sacrificio de los operadores de justicia, el apoyo del pueblo hondureño y estrategias integrales, creativas e innovadores basadas en nuestra propia realidad, han permitido que el camino hacia la paz sea posible construirlo día a día”, relató.

“Por estos logros, el mundo ahora vuelve sus ojos a Honduras para reconocer la tierra del café exquisito, que ahora nos ubica como quinto productor del mundo, playas hermosas, Copán Ruinas, el milagro arqueológico que es Ciudad Blanca”, agregó.

“Ahora nos conocen por ser la tierra del origen del chocolate; ahora nos reconocen por las bellezas que siempre estuvieron allí, pero que por la situación tan dificil que hemos enfrentado en las últimas décadas nadie podía ver con claridad”, concluyó el Jefe de Estado.

En el evento estuvieron presentes el secretario general de la OEA, Luis Almagro, y los 33 miembros del Consejo Permanente de la organización supranacional.

A continuación el discurso íntegro del presidente Juan Orlando Hernández:

Muy buenas tardes, señor presidente, embajador Carlos Calles Castillo, de igual manera al secretario general y adjunto. Ya me siento parte de la OEA de tantas veces que me han invitado aquí.

En Honduras, hemos enfrentado la amenaza más peligrosa de nuestra historia en las últimas décadas. En esta lucha estamos a medio camino. El capítulo final lo estamos escribiendo ahora y continuaremos en los próximos años hasta derrotar este flagelo, esperando contar con el apoyo de todos ustedes.

Hoy quiero compartirles lo que hemos aprendido y logrado en la lucha por recuperar la seguridad y la paz de nuestro país. Hemos avanzado mucho, pero también nos falta mucho.

Quiero contarles de dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde vamos, así como lo que necesitamos de ustedes que son nuestros amigos y aliados, es más, nuestros hermanos en el continente.

Es innegable que lo que hemos logrado hasta ahora es extraordinario pero también reconocemos que hace falta más por hacer, hasta que recuperemos el país que queremos y la paz que nuestro pueblo merece.

A lo largo de esta lucha, hemos visto que los grupos de crimen organizado, maras y pandillas y narcotraficantes, por sus intenciones, sus capacidades y sus métodos, representan la amenaza más grave de nuestra historia a nuestra libertad e independencia, a la soberanía, la integridad territorial, el libre ejercicio del sufragio, el imperio de la Constitución, el derecho a la vida, la protección de los derechos humanos, la seguridad interior, la democracia y la paz.

En Honduras, hemos reducido en más de la mitad la tasa de homicidios, que hasta hace poco fue la más alta en el mundo.

Parecía imposible de hacer de forma simultánea, pero también separamos el 40% de los agentes policiales con una depuración profunda de la Policía Nacional, desde la cúpula policial hasta los agentes. Una Policía que había sido penetrada y corrompida por grupos criminales.

Para asegurar que no iba a haber ninguna injerencia para proteger a los corruptos dentro de esa institución tomé la decisión de pedir apoyo a un grupo de personas respetadas, comprometidas, y valientes, de la sociedad civil.

Con el reclutamiento y capacitación de una nueva generación de policías, en esencia hemos construido una nueva Policía que ya cuenta con la confianza bien ganada del pueblo hondureño.

Además, implementamos por primera vez en nuestra historia la extradición de hondureños ligados al crimen organizado, un instrumento muy poderoso para contribuir en la desarticulación de los grupos de narcotráfico y crimen organizado más peligrosos, así como combatir la impunidad. Según la guardia costera estadounidense, en los últimos años, del 100% de la droga que llegaba a Estados Unidos, antes el 79% pasaba por Honduras y ahora tan solo un 3% lo hace, pasando del primer lugar en los cargamentos de las drogas al doce lugar.

Debo destacar que, al mismo tiempo que hemos tenido estos logros en seguridad, hemos bajado el déficit fiscal en dos tercios, controlando la inflación y aumentando la tasa de crecimiento económico. Asimismo hemos aumentado los programas sociales y de reducción de pobreza, alcanzando niveles récord en la construcción de infraestructura del Estado, tal como lo queremos y lo merecemos.

Seguimos firmes con la construcción del fortalecimiento institucional y capacidad estatal. Sin olvidar de dónde venimos, y los grandes retos que hemos enfrentado en el camino, hoy tenemos una ruta clara de fortalecimiento institucional. Reiteramos nuestro agradecimiento a la OEA por el apoyo de la Misión de Apoyo Contra la Corrupción e Impunidad en Honduras (MACCIH) y de igual manera reiteramos nuestra petición para trabajar en la consolidación del sistema carcelario en Honduras, en cuanto a la depuración y certificación del manejo de los centros penitenciarios, así como el análisis de la penetración de maras y pandillas en el tema político con los cuales han pretendido socavar la institucionalidad y el Estado.

Con los avances a la fecha, estamos intensificando nuestros esfuerzos para desarticular las estructuras criminales, seguimos protegiendo al pueblo y aplicando los programas de protección social.

La realidad es que estos grupos criminales violentos y desalmados nos han costado más vidas que la suma de todas las guerras y conflictos bélicos anteriores que hemos vivido como país, más que los desastres naturales como el Huracán Mitch en el 98 que nos arrebató más de 7 mil vidas. Desde el 2006, se han asesinado a más de 67,000 hondureños. Para ponerlo en contexto, Estados Unidos en la guerra de Vietnam sufrió 58 mil fatalidades.

En Honduras, hace unos años algunos nos llegaron a considerar estar al borde de ser un Estado fallido y no fue solamente que la tasa de homicidios llegó a ser la más elevada del mundo, sino que, igual de grave, había una penetración de nuestras instituciones por parte de estructuras criminales a tal grado que el país estaba llegando al punto de no retorno.

Para salir de esa situación de terror y violencia criminal tan extrema se pudo haber justificado medidas de excepción; sin embargo, no lo hicimos así. Durante estos años de lucha, Honduras ha logrado recuperar su país operando dentro de la Constitución y la democracia, respetando las garantías y libertades y nunca postergando una elección. Únicamente un pueblo con una gran vocación democrática puede hacer eso.

En ese contexto, desde el año 2010, cuando asumí la presidencia del Congreso Nacional, junto a los demás diputados valientes tomamos la decisión de construir los instrumentos legales y crear las instituciones necesarias para asegurar la recuperación de la paz en el país, siempre y cuando existiera la voluntad y liderazgo político junto con el respaldo y compromiso del pueblo.

Es difícil contar toda la historia de la batalla que tuvimos que realizar para lograr la aprobación de la extradición por primera vez en nuestra historia, por las fuertes amenazas criminales, acciones oscuras de actores políticos en contra, así como intentos de último minuto de frustrar el compromiso absoluto que teníamos de poner a trabajar la figura de la extradición.

Tuve que convocar una sesión cerrada del Congreso, con medidas extraordinarias de seguridad por las amenazas de los grupos criminales. El coordinador del grupo más fuerte de la oposición se declaró en contra a la extradición. Unos pocos años antes un Gobierno aliado había concluido que por la relación estrecha que este mismo líder de la oposición tenía con el crimen organizado no era posible compartir la información sensible con él.

La normativa para la extradición fue aprobada por la Corte Suprema de Justicia hasta casi un año y medio después, y en ese periodo se desató una serie de asesinatos. Un reportaje por analistas externos mencionaba: “Homicidios en Honduras desatan miedo por reacción violenta contra la extradición… En Honduras, dos asesinatos de alto perfil han planteado la pregunta de si los actores criminales están librando una guerra contra el Gobierno, en protesta por la posible extradición. … ‘Todo el mundo tiene miedo a la extradición’, dijo un empleado de la Corte Suprema de Justicia, que habló bajo condición de anonimato.”

Las estructuras criminales se han transformado para ser también factores políticos dedicados a la subversión del Estado, y la razón por la que más temen la extradición es porque significa que toda su penetración, corrupción y terrorismo hacia las instituciones nacionales de poco le sirven para evitar la justicia.

Poco después que salió la normativa de la extradición, aprobamos en el Congreso Nacional la creación dentro de las Fuerzas Armadas, y acorde a sus funciones constitucionales, de una fuerza llamada la Policía Militar de Orden Público para apoyar a los operadores de justicia.

La misma oposición política que se opuso la extradición también rechazó la creación de la Policía Militar. Y así quedaban marcadas dos rutas, dos futuros distintos para Honduras, y así se definió la decisión histórica que el pueblo tendría que tomar en las elecciones del 2013.

La muestra más contundente de la potencia del instrumento de la extradición, siempre que se combina con la voluntad nacional de hacer lo que tenga hacer, sucedió a tan sólo 10 días de mi elección como Presidente de la República en el 2013.

Una de las estructuras criminales más fuertes y más peligrosas fue un grupo de narcotraficantes llamado Los Cachiros, que durante años habían podido operar sin mayores problemas, arreglándose con los funcionarios de turno. Sin embargo, en noviembre de 2013, ellos se quedaron esperando los resultados de esas elecciones porque entendieron que el conjunto de instrumentos creados desde el Congreso Nacional, como la extradición más la Policía Militar, la ley de extinción de dominios sobre bienes de origen ilícito, sumado a mi compromiso con el pueblo, de ser implacable en poner fin a los grupos criminales, “caiga quien caiga”, significaría que con mi Gobierno no tendrían forma de seguir libres. Para Los Cachiros, su futuro dependía de la decisión que tomaría el pueblo en esas elecciones del 2013.

Apenas se anunció el resultado electoral, Los Cachiros tomaron la decisión de entregarse al Gobierno de Estados Unidos para enfrentar la justicia en otra tierra por sus crímenes, en lugar de esperar su captura por las fuerzas de seguridad de Honduras y sufrir sus extradiciones, porque ese acuerdo les permitía obtener rebajas en sus penas, si se entregaban.

A tan solo diez días de mi elección, Los Cachiros con sus abogados estaban reunidos con la DEA en Belice negociando su eventual entrega y ofreciendo de hacer todo lo posible para aportar evidencias y testimonios en contra a otras personas, para poder bajar su sentencia, un proceso que está en curso en varios casos.

Nunca pensé que en mi lucha para liberar a Honduras de los grupos criminales iban a ser afectadas personas a quienes conozco, pero así fue, y si yo tuviera que tomar la decisión de nuevo, haría exactamente lo mismo, sin dudas ni pausas; lucharía de nuevo por cada una de las acciones fuertes y efectivas; el mismo compromiso por liberar a mi país de estas fuerzas malvadas y perversas de esta criminalidad.

Si yo tuviera que decidir de nuevo de hacer todo lo necesario para hacer caer a Los Cachiros y a tantos otros grupos como los Valle Valle, el Negro Lobo, y muchos otros, tomaría exactamente las mismas decisiones, lucharía con exactamente la misma intensidad para lograr las mismas medidas decisivas: la extradición, LA LEY DE INCAUTACION DE BIENES, la Policía Militar, la depuración de la Policía Nacional, las Cárceles de Máxima Seguridad, la creación de la tasa de seguridad, medidas imprescindibles que fueron rechazadas, cada una de ellas, por la oposición política. Medidas que aún están siendo rechazadas a la fecha por la oposición. Con esto se entiende quién es quién en la lucha contra la criminalidad en Honduras.

El Gobierno ha rechazado por completo la insistencia de un reconocido líder de la oposición de reinstalar a los policías depurados en las fuerzas de seguridad, para no volver a la penetración criminal y la corrupción, para no socavar la confianza en la institución y hacer sabotaje a nuestros operadores de justicia.

La Policía Nacional de Honduras hoy es un orgullo. Es importante dejar claro que de aquí en adelante el papel de las Fuerzas Armadas, en especial a través de la Policía Militar de Orden Público, y frente al crimen organizado nacional y transnacional, en la lucha contra el narcotráfico, y para desarticular las maras y pandillas, debe ser entendido únicamente en relación a la naturaleza de la amenaza, y que las tareas de seguridad de las Fuerzas Armadas son únicamente para cumplir con las facultades y deberes asignados por la propia Constitución de la República en sus artículos 272 y 274.

De hecho, la Policía Militar de Orden Público en cooperación con la Policía Nacional y la fuerza TIGRES, FUSINA y ahora con la Fuerza Nacional Antimaras y Pandillas, representa la fuerza conjunta necesaria para completar nuestra misión. Estamos en medio camino en esta lucha histórica. No podemos desistir hasta vencer a quienes han mantenido sometido a nuestro pueblo, porque la única alternativa a la victoria es la derrota, que para Honduras significaría volver hacia atrás, a como estuvimos, al borde de ser un Estado fallido, o aún peor.

La lucha en contra a las estructuras del crimen organizado nacional y transnacional, entre estas también las maras y pandillas, se va mucho más allá que el combate al delito. Se requiere defender nuestra integridad territorial, la soberanía, las garantías individuales y el imperio de la Constitución, porque estos grupos esto es lo que suplantan.

La MS 13 ha sido designada por los Estados Unidos como una organización criminal transnacional, y Barrio 18 no es menos peligrosa. Las maras y pandillas, igual como los narcotraficantes y otros grupos de crimen organizado, son una amenaza a la seguridad nacional por su método que es promover la subversión CONTRA el Estado. Cometen agresiones en contra a la soberanía del Gobierno nacional, toman el control territorial por la fuerza, y cobran lo que llaman sus “impuestos de guerra”. A través de la violencia ejercen poder político influyendo en los resultados electorales, amenazando al derecho del libre sufragio por el terror y amenazas.

Las maras y pandillas profesionalizan a su gente en carreras para infiltrar operadores de justicia y otros sectores del Estado. También buscan comprar o matar a los operadores de justicia, jueces, fiscales, Policía, agentes carcelarios y los testigos: sus acciones subversivas significan nada menos que acabar con la administración de justicia y poner fin al imperio de la Constitución.

Es una amenaza tan real como en aquellos tiempos cuando en una guerra los TROPAS de un invasor cruzaban las fronteras para tomar el territorio y someter la población de otro país. De hecho un informe de la ONU en relación a un país vecino dijo lo siguiente: “La narrativa respecto de los territorios pandilleriles es reminiscente al usado por países asolados por la guerra: la gente habla de fronteras, que el cruce no autorizado puede resultar en la muerte.”

El mismo informe también observaba que: “Varios interlocutores dijeron que en algún momento todos los partidos políticos han negociado con grupos pandilleros ya sea solo para poder hacer concentraciones políticas y ganar votos”.

“En razón de sus capacidades de control territorial, estos grupos pueden ser considerados tener suficiente poder para sistemáticamente violar los derechos humanos a una porción grande de población”.

“El National Human Rights Institution no sugiere que los pandilleros deberían ser acusados por violaciones a Derechos Humanos. Sin embargo, esta es una conclusión lógica de cualquier evaluación de la situación, a pesar que dar ese paso presenta retos legales”.

Por su maldad y violencia las maras y pandillas han generado denuncias en otros países. Honduras tiene la voluntad y el compromiso de formar alianzas internacionales para luchar conjuntamente en contra a las estructuras transnacionales de las maras y pandillas, tanto como su presencia territorial, y lo digo porque es impresionante que una llamada que sale de Los Ángeles o de El Salvador puede mandar un mensaje no sólo de extorsión, sino de delitos más graves; así es como operan.

Al mismo tiempo la crueldad de las maras jamás debe ser usada para discriminar o criminalizar a la gente honesta de nuestros países o para inducir miedo u odio hacia los Latinos, porque es nuestro pueblo el que más sufre por el flagelo de las maras y porque los buenos somos muchísimos más.

Una medida esencial para bajar los crímenes fue construir nuevas cárceles, cárceles de máxima seguridad, porque las mismas estructuras criminales transnacionales de las maras, las pandillas y el narcotráfico operaban desde la cárcel. Desde la cárcel daban órdenes de asesinar (secuestrar, otros delitos) a personas. Después de trasladar a los más peligrosos a las cárceles de máxima seguridad vimos una reducción tan fuerte en los homicidios que pudimos calcular que hasta 30% de los homicidios originaban con órdenes dadas desde las cárceles. En la ausencia de las cárceles de alta seguridad no había forma de interrumpir estas operaciones criminales. Sin embargo, hasta hoy, líderes de la oposición insisten que quieren cerrar estas cárceles de máxima seguridad y jamás construir otra más.

Pero la mayoría del pueblo de Honduras ampliamente respalda lo que estamos haciendo. El pueblo está viviendo la realidad y viendo de cerca la naturaleza de esta amenaza. Es el pueblo que ha pagado con docenas de miles de muertos, y cuantos más extorsiones, violaciones, los abusos constantes de grupos criminales que afectan a sus familias, su libertad, su integridad física y moral, sus posibilidades de seguir adelante económicamente. Una medición del Instituto por la Economía y la Paz estima que el costo económico para Honduras de los homicidios ha reducido en 25% la economía nacional. Es imposible entender la situación económica de desempleo y los flujos de migración irregular sin entender el impacto de las maras y pandillas. Por eso la seguridad es también esencial para fomentar más empleo y más crecimiento económico.

Sin embargo, el costo más grande en esta lucha se está pagando con las vidas de nuestros héroes valientes, docenas de policías y militares, fiscales y otros operadores de justicia han sacrificado sus vidas para defender al pueblo. Y el pueblo está agradecido y plenamente respalda a nuestras fuerzas de seguridad. Incluso no hay instituciones, aparte de las iglesias, ni de Gobierno, ni de sociedad civil, que por las mediciones de confianza exceden nuestras valientes fuerzas de seguridad en la lucha histórica para recuperar a nuestro país y proteger a la gente.

En las elecciones del 2013 y el 2017 el pueblo perfectamente pudo escoger entre caminos muy diferentes. En cada oportunidad el pueblo tomó la decisión que en nuestro país vamos a hacer lo que tengamos qué hacer para defendernos de esta amenaza, para proteger al pueblo, para recuperar nuestra soberanía, y para garantizar la seguridad y la paz venciendo, esta amenaza, siempre dentro de la ley.

Sin embargo la nueva estrategia de estos grupos de criminalidad organizada es buscar meterse en las decisiones políticas y electorales de un país.

En las elecciones de 2017 las maras y pandillas, junto con grupos de narcotráfico y policías depurados, operaban en forma sistemática con intimidación y violencia para impedir a la gente ejercer su sufragio en los lugares con mayor tendencia de respaldar a la lucha antimaras, anti delincuencia qué ha sido mi compromiso desde mi servicio en el Congreso Nacional y ahora como Presidente de la Republica.

A nivel nacional se ha podido mostrar que la agresión e intimidación electoral por las maras y pandillas, y otros grupos criminales impedía la participación electoral de aproximadamente 200.000 votantes dirigido precisamente en contra a los votantes que apoyaba al partido de Gobierno. Incluso tan enfocada fue esta operación que se ha identificado como en solo 10% de los centros de votación se logró impedir la participación electoral de 100.000 votantes de esa tendencia política.

Les doy un ejemplo muy concreto. En la colonia de Ciudad España, en lo que llamamos una “zona caliente”, un territorio que fue controlado por las maras y pandillas, se dio un colapso en la participación electoral. Pero, viéndolo en más detalle, no fue un colapso general sino que fue la intimidación dirigida específicamente en contra a los votantes que quisieron respaldar al partido de Gobierno, las personas que habían votado a favor de la seguridad y en contra de los grupos criminales de maras y pandillas. Para ilustrarlo mejor, en una de las mesas electorales que en el 2013 había presentado una de la más alta participación electoral en el país, con 73% de las personas votando, en las elecciones del año 2017 la participación electoral en esa mesa se cayó a tan solo 23%, una reducción de 50 puntos.

Pero la intimidación fue selectiva. El colapso fue por la intimidación a los votantes de un solo partido, cuya participación en ese lugar cayó en 80%. O sea, la lógica y los compromisos de los grupos criminales, maras, pandillas, narcotraficantes y ex policía depurada, fue de impedir el sufragio de la gente que iba votar por el partido más dispuesto a enfrentar a los criminales y recuperar la seguridad y la soberanía.

La violencia y terror de los grupos criminales dieron un beneficio importante a los partidos rivales que están en contra de la extradición, la Policía Militar, y quieren revertir la depuración de la Policía Nacional, y para cerrar las cárceles de máxima seguridad, todo siendo posiciones muy favorables para los grupos criminales.

Los grupos criminales, en su intento fallido de robar la elecciones, sí lograron poner más estrecho el margen y por ese vía montar ataques cínicos a la legitimidad de la elección.

Citando las palabras del secretario general Almagro en una misiva suya: “Los trabajos en materia de reformas electorales deben también incluir aspectos vinculados a la influencia en el sistema político y los procesos electorales por pate del crimen organizado y las maras.”

Es tan valedera la preocupación del secretario Almagro que yo quiero pedirles a todos ustedes, representantes de los pueblos de América, que le prestemos toda la atención porque cuando se llega a un punto donde no importa si se somete a un pueblo en su momento de ejercer el sufragio, quienes dirigirán los destinos de nuestros países es el mundo criminal. Así de claro; por eso no puedo estar más de acuerdo con el secretario Almagro.

Consideramos que es de suma importancia estudiar y agregar un protocolo adicional a la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional para tratar concretamente el fenómeno nefasto de las injerencias y abusos en los procesos político-electorales por parte de estas estructuras criminales; eso es clave y no podemos postergarlo más.

Este fenómeno no es algo que únicamente ha sucedido en Honduras. Se está viendo lo mismo cada vez con mayor frecuencia en otros países. Incluso hay casos aún más graves que podrán llegar a ser irrecuperables, que también tendría implicancias graves a nivel de la seguridad regional.

El punto de no retorno es cuando ningún actor político se atreve a lanzar la lucha legitima para que su pueblo viva más seguro.

Este fenómeno fue explicado en un trabajo publicado en el 2005, por el doctor coronel Max Mandarín, profesor del Colegio de Guerra del Ejército de los Estados Unidos y experto en el Instituto de Estudios Estratégicos. En un análisis muy agudo del fenómeno de pandillas criminales de tercera generación, pudo identificar sus similitudes con las insurgencias político-militares, por su efecto de desestabilizar a gobiernos y el desafío a la soberanía del Estado.

Dijo: “Los fenómenos de pandillas son formas mutadas de las insurgencias urbanas. En estos términos, estos “nuevos” actores no-estatales deben eventualmente tomar el poder político para garantizar su libertad de acción y el entorno comercial que desean. El denominador común que puede vincular el fenómeno de las pandillas a la insurgencia es que el objetivo final de algunas pandillas de tercera generación y los insurgentes es deponer o controlar a los gobiernos de los países donde operan”.

“Tradicionalmente pensamos en la insurgencia como principalmente una actividad militar, y pensamos en las pandillas como un simple problema de la aplicación de la ley. Sin embargo, los insurgentes y las pandillas criminales de tercera generación están involucradas en un acto político de suma complejidad: la guerra política.”

“Las actividades de violencia, intimidación y corrupción de los actores ilegales, no estatales, internas y transnacionales, como las pandillas urbanas, pueden disminuir la soberanía y socavar la seguridad nacional y regional.’

En otro trabajo por el mismo autor, con título “Venezuela Como Exportador De La Desestabilización Con Guerra de Cuarta Generación,” publicado en el 2012, se explica la importancia de no descansar en esta lucha:

“Al igual que la revolución, el fracaso del Estado es un proceso, no un

Resultado. Las amenazas contemporáneas a la seguridad y bienestar personal y colectivo, por la guerra de cuarta generación, la desestabilización asimétrica, no son necesariamente ataques directos a un Gobierno. Sin embargo, son medios probados para debilitar los regímenes de Gobierno.

“El fracaso del Estado puede ser un proceso exacerbado o por los estados o por grupos no estatales (por ejemplo, insurgentes, organizaciones criminales transnacionales y sus bandas ejecutoras, y / u organizaciones civiles o militares o paramilitares. La intención general es deponer un Gobierno o ejercer el control ilícito sobre un país.”

La mayoría del pueblo hondureño, al comprender lo que está en juego en esta lucha histórica frente a una amenaza de tanta peligrosidad, vio la necesidad de seguir por la ruta de recuperar al país y apoyaron una respuesta que no apoyaban antes, como es la reelección del Presidente. Si bien el Poder Judicial, como es su papel, aplicaba un análisis jurídico, la mayoría del pueblo puso su enfoque en la amenaza extraordinaria, donde la alternativa significaba poner fin a todo lo que ha dado resultado y así evitar el riesgo inminente de perder el país.

En Honduras pudimos actuar a tiempo. Ahora tenemos que seguir y completar el trabajo. Tenemos tres años para terminar de desmantelar las estructuras de maras, pandillas y narcos que intentaron robar las elecciones del 2017 y fracasaron por muy poco.

La reacción de algunos de la oposición al perder las elecciones en el 2017 fue desatar violencia durante varias semanas con un llamado de hacer el país “ingobernable”, penetrando y manipulando el grupo de ciudadanos que de manera legítima ejercían su derecho de hacer protesta pacífica.

En lugar de tomar en cuenta el momento histórico peligroso que enfrenta a Honduras, la oposición se puso a llamar una insurrección, con la participación de los mismos grupos que utilizaron el terror para impedir el sufragio. Hace un par de meses el líder de un partido OPOSITOR propuso derrocar al Gobierno e instalar una junta provisional de las fuerzas de la oposición. Otro conocido líder de la oposición salió hace pocos días para exigir un golpe militar, sin que nadie le prestara atención.

Debe ser evidente que Honduras necesita una oposición responsable y democrática, que también es capaz de mantener la defensa del pueblo y del país. El paso más importante sería que busquen entender bien el peligro que enfrenta al país en lugar de contribuir al peligro.

En un discurso militar de doctrina estratégica, en Venezuela en el 2007, se hizo explícito que su método de promover guerra de cuarta generación fue basado, según las palabras del entonces Ministro del Poder Popular para la Defensa, en la “desestabilización”: “Desestabilización de la sociedad, con la manifestación de cuatro guerras, nótese que las llamó guerras: transculturización, ingobernabilidad, guerra económica y guerra comunicacional o guerra mediática.”. En Honduras esto lo hemos vivido en carne propia.

Lo que se ha aprendido en esta lucha es que sin identificar la naturaleza del enemigo y su forma de operar no se puede lograr el éxito. Logramos reducir por la mitad los homicidios. No lo hicimos haciendo una copia de las medidas tomadas en alguna ciudad en otro país. Lo hicimos Identificando la naturaleza y los métodos subversivos de las estructuras criminales que operaban en Honduras. Basado en este análisis construimos los instrumentos necesarios: la Policía Militar; la Policía Nacional depurado y renovado; las fuerzas especiales; las instituciones de investigación e inteligencia renovadas; las instancias de colaboración inter-institucional; las cárceles de máxima seguridad; la extradición, la creación de la tasa de seguridad y la creación de FUSINA.

Quiero ser enfático que sin el respaldo decidido del Poder Judicial, el ministerio público y sus dependencias, otros países aliados importantes, no hubiéramos avanzado de manera tan dramática como lo hemos hecho. Asimismo, quiero agradecer a la OEA a través de la MACCIH que han contribuido al fortalecimiento de nuestras instituciones. EN NOMBRE DEL PUEBLO HONDURENO, gracias a cada uno de los que han contribuido con esta lucha.

Lo que hace falta es construir marcos legales nacionales y convenciones internacionales más completos y actualizados para entender la situación y enfrentar estos fenómenos. Por ejemplo, las maras, pandillas, y narcotraficantes ahora están trabajando con asesores legales antes de cometer sus delitos. Para ser claro no me refiero a sus abogados defensores. Cuentan con abogados asesores para analizar los marcos

legales y los procedimientos de la fiscalía y de los tribunales para hacer una ingeniería de la forma de cometer delitos y mostrarles cómo operar a sus estructuras criminales para hacer más difícil judicializar estos criminales. Así es el nivel de sofisticación de estas estructuras criminales.

De igual manera debe analizarse que la violencia generada por estos grupos de criminalidad afecta e impacta sustancialmente en el goce de los derechos fundamentales de la población, especialmente para aquellos grupos más vulnerables.

Este análisis a profundidad debe llevarnos a debatir el grado de vulneración de derechos que causan estos grupos y poder situarlos en las discusiones o foros regionales y globales. Por ejemplo, la relatora especial de Naciones Unidas sobre ejecuciones extrajudiciales en su visita a un país en la región destacó que ¨las pandillas, como consecuencia de su control territorial, son responsables de violaciones manifiestas de los derechos humanos, en particular de la gran cantidad de homicidios que se cometen en dicho país”. Cabe destacar que ya en nuestra legislación se establece que los grupos criminales pueden ser violadores de los derechos humanos.

Asimismo, debemos desarrollar un instrumento regional que facilite la acción contra estos grupos criminales.
que profundice en los acuerdos que ya tenemos, como amerita
que coordine esfuerzos bajo una visión regional,
que facilite el intercambio de información
que simplifique la extradición,
que reconozca algunos actos de autoridades, como órdenes de captura,
que ayude en la lucha contra actores no estatales

Y para colaborar en recuperar los sistemas democráticos influidos Y manipulados por los grupos criminales.

Lo que necesitamos ahora es trabajar con nuestros socios estratégicos para asegurar que la cooperación sea definida y estructurada por la naturaleza real de esta lucha, por la naturaleza real de estos criminales sofisticados con capacidades políticas y alcance propagandístico, con operaciones de inteligencia, con penetración de instituciones, con estructuras flexibles nacionales y transnacionales, y que representa el peligro más grande y el costo en vidas más enorme de toda nuestra historia.

Fruto de estos esfuerzos, hemos invertido una mayor cantidad de recursos de presupuesto nacional orientados a promover un crecimiento económico sostenido, focalizado en crear más y mejores oportunidades que buscan reducir la desigualdad. Esto ha permitido lograr estabilidad macroeconómica, acceso a créditos con bancos multilaterals, y hemos logrado generar inversiones significativas en programas sociales, infraestructura y producción como nunca antes visto en la historia. Nos ha permitido enfocarnos en las familias y las oportunidades de inclusión social y económica; no hubieramos logrado todo esto si no hubiéramos dado esta lucha en seguridad.

Hemos trabajado arduamente en generar mayor inclusión mediante políticas públicas y la Plataforma de Protección Social Vida Mejor para combatir las causas estructurales e históricas de la pobreza, la exclusión, que inciden en la migración irregular y las violencias contra las poblaciones más vulnerables.

Lo compartido el día de hoy, hermanos de América, es la muestra que la suma de voluntad política, el esfuerzo y sacrificio de los operadores de justicia, el apoyo del pueblo hondureño y estrategias integrales, creativas e innovadores basadas en nuestra propia realidad, ha permitido que el camino hacia la paz sea posible construirlo día a día.

Por estos logros, el mundo ahora vuelve sus ojos a Honduras para reconocer la tierra del café exquisito, que ahora nos ubica como quinto productor del mundo, playas hermosas, Copán Ruinas, el milagro arqueológico que es Ciudad Blanca; ahora nos conocen por ser la tierra del origen del chocolate, ahora nos reconocen por las bellezas que siempre estuviron allí, pero que por la situación tan dificil que hemos enfrentado en las últimas décadas, nadie podía ver con claridad.

Hoy, cada vez es más frecuente vivir momentos tan especiales como el que una familia, particularmente jóvenes y niños, disfrutando alegremente en algunas calles y particularmente en parques que hemos construido con apoyo del sector privado y dinero del pueblo hondureño. Este sábado pasado, por ejemplo, en un municipio que se llama San Francisco de Becerra, inundado el nuevo parque con abuelos, niños, jóvenes, disfrutando todos pacificamente en un parque que hemos construido junto a la comunidad; eso no tiene precio.

Por eso hoy estamos diciéndoles a ustedes que es necesario revisar este fenómeno, atenderlo, actualizando la normativa internacional para cuidar a nuestra gente.

Muchas gracias por su atención.

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