Por: Lester Herrera- Honduras, CA.

Tiempos de COVID-19, cuando vemos extraña la lluvia en nuestra ciudad capital Tegucigalpa, mientras observamos con cierta normalidad la corrupción y las acusaciones internacionales a los “líderes políticos” de nuestro país, tiempo en el que el “Home Office” se vuelve cada día más común y necesario, al mismo tiempo que se recuperan los momentos en casa, las madres ponen a prueba sus habilidades culinarias, mientras los padres se han visto obligados a dejar las llamadas y los compromisos laborales y sociales, destinando mas tiempo a sus hijos, jugando, riendo, disfrutando juntos.

Ahora, nos damos cuenta que hemos sido esclavos de la oficina, no digamos de la tecnología, privándonos de los espacios de conversación familiar, que tanto nos enriquecen y nos fortalecen, sentarnos a comer en casa o ir al parque juntos, disfrutar de un paseo con nuestras madres o abuelas, actividades que hemos visto extraño o anticuado.

¿Quién diría que esto iba suceder?, si apenas nos reíamos incrédulos en los años 90’s que en verdad sucedería, pues aquí está, ya lo estamos viviendo mi querida familia, amigos y compañeros. Nos asombramos de la solidaridad en la calle, y de quién se quita un par de zapatos y lo comparte con el prójimo, o le entrega un desayuno o una pequeña ración de comida, pero si así éramos hace 25 años. ¿Qué fue lo que nos pasó?.

Creo que la falta de Dios en nuestra vida, deterioramos nuestras raíces, poco a poco olvidamos e irrespetamos las enseñanzas de nuestros abuelos, dejando que esa hermosa escuela se alejara de nuestro día a día, se destruyera, tal como ahora lo hacemos sin compasión con nuestros bosques y animales. En la escuela por ejemplo, recuerdo los deberes ecológicos en 5to. Grado, armábamos con gran entusiasmo, arriates, hortalizas y pequeños bosques de árboles frutales, maderables y flores, a los que se nos inculcó debíamos respetar y preservar por el bien de la humanidad y nuestra nación.

Es hora de poner un alto, pero firme en nuestro proceder, y desde ahora, al regresar de la cuarentena, Dios nos permita hacerlo con una nueva mentalidad, mejor actitud y sobre todo con más amor.

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