“Todos los que hayan ido a la playa sabrán que con arena seca no se hacen buenos castillos”. Estas son las primeras palabras de un reporte reciente de la Physical Review Letters. La idea resume el trabajo científico titulado Sliding Friction on Wet and Dry Sand, publicado por un grupo de físicos de varias nacionalidades (de Holanda, Irán, Francia, Alemania y la India), todos al servicio de la Fundación FOM y de la Universidad de Amsterdam.

A modo de vulgarización de lo que ha sido un pormenorizado estudio de laboratorio, la prensa se ha hecho eco de este descubrimiento que revela el “truco” empleado por los antiguos egipcios para trasladar los millones de piedras con los que se erigieron sus pirámides.

Si bien se trató de un trabajo justamente “faraónico” que duró años y costó miles de vidas humanas, lo cierto es que el paulatino rociado con agua de las arenas del desierto sobre las que eran desplazados grandes trineos de madera con los bloques de piedra y las estatuas alivió de cierta manera la tarea.

Científicamente, la adición de agua en porciones decentes sobre la arena provoca que se produzca un puente líquido entre los granos que actúa como pegamento, manteniéndolos en su lugar y evitando su desplome a nivel milimétrico. Con esta disminución significativa de la fricción de deslizamiento se facilitaba el paso de los trineos cargados de pesados objetos sobre la arena húmeda.

El estudio partió de la comparación entre dos trineos de laboratorio cargados con un mismo peso, y el modo en que aquel que se deslizaba sobre una superficie húmeda exigía menos fuerza aplicada al existir un coeficiente de fricción mucho más bajo.

En dos palabras: la cantidad correcta de humedad en la arena reduce a la mitad la fuerza de tracción requerida.
Según el sitio www.Phys.org, “una pintura mural en la tumba de Djehutihotep muestra claramente a una persona de pie en la parte delantera del trineo tirado, vertiendo agua sobre la arena”. Se sabe que este personaje salido de una familia de casta ostentó un alto cargo durante los reinados de Amenemhat II, Sesostris II y Sesostris III.

Un artículo al respecto firmado por la agencia EFE especifica que solo para La Gran Pirámide de Keops, en Giza, a unos veinte kilómetros al sudoeste del centro de El Cairo, se utilizaron más de dos millones de bloques que pesaban entre dos y sesenta toneladas. A partir de este dato calculemos cuánto esfuerzo, cuánta fricción atenuada, cuánta agua vertida, cuántas vidas pasaron, cuánta energía humana…

Pero regresemos al inicio. El reporte de la Physical Review Letters, firmado por Katherine Wright, es contundente: “si se agrega demasiada agua, los puentes capilares, que antes actuaban como un pegamento entre los granos individuales, comienzan a fusionarse y desaparecer”.

De manera que el exceso de agua no solo ahoga las raíces, pudre los tubérculos, debilita los castillos de arena y malogra una olla de arroz al fuego.

Al final todos los caminos conducen a… Roma. O esta vez a Egipto.

Related Posts

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *