Tim Kaine y Mike Pence, compañeros de fórmula de Hillary Clinton y el magnate republicano, polemizarán este martes en Virginia con un único objetivo: no meter la pata

Los aspirantes a la Vicepresidencia de EE.UU., el senador demócrata por Virginia Tim Kaine, y el gobernador de Indiana, el republicano Mike Pence, medirán fuerzas este martes en el primer y único debate entre ambos, y en medio de la polémica que aún se mantiene vigente tras el choque entre Hillary Clinton y Donald Trump.

El primer debate presidencial supuso hace una semana una victoria para la ex secretaria de Estado, no tanto en el momento del debate, sino porque logró cuestionar y sembrar la duda sobre el multimillonario. Las acusaciones podrían darle mayor brillo al encuentro entre Kaine y Pence, que ha despertado pocas expectativas en el público estadounidense.

Los debates vicepresidenciales no suelen despertar el interés mediático que suscitan los de los candidatos a la Casa Blanca, pero suelen servir para que los electores pongan rostro a los aspirantes, muchas veces desconocidos hasta esa fecha. El encuentro será en la Universidad de Longwood, en Farmville, Virginia, uno de los estados decisivos para las elecciones del 8 de noviembre.

Los factores para elección de un compañero de fórmula por parte de los aspirantes presidenciales suelen basarse en buscar equilibrios con su propio perfil, y deberán mostrar a los votantes su capacidad de conducir al país de que el mandatario se ausente por algún motivo. Además, tendrán que lucir sus habilidades para defender a los candidatos.

“No meter la pata, ese es el objetivo de un debate vicepresidencial”, explicó al diario The New York Times Brett O’Donnell, especialista en comunicaciones del Partido Republicano. “Lo fundamental es defender al que lidera la candidatura y entonces atacar lo más posible a tu oponente, quien lidera la candidatura opuesta”, agregó.

Así, para Pence el reto fundamental es defender a Trump de las polémicas en las que ahora está envuelto, además de justificar sus comentarios fuera de tono, mientras él se presenta como un aspirante razonable, conservador y representante de los valores clásicos republicanos.

Una tarea en la que el gobernador de Indiana ya se ha entrenado debido a las múltiples afirmaciones del magnate que han causado revuelo.

Kaine, por su parte, tendrá que estar preparado, previsiblemente, ante cualquier acusación sobre el escándalo de los correos electrónicos de Clinton, algo que, sin embargo, no le ha ocupado mucho tiempo durante la campaña electoral, que ha centrado en enfatizar y explicar la agenda política de la ex secretaria de Estado.

Ambos aspirantes a la Vicepresidencia detuvieron en su frenética gira por el país para preparar el encuentro, un choque que más allá de tener vencedores o vencidos se dirimirá por su capacidad para ser fieles escuderos ante las acusaciones de los últimos días.

Trump, reticente en no hacer pública su declaración de impuestos, como es costumbre en el país desde hace décadas por parte de todos los aspirantes presidenciales, alega que sus cuentas están siendo auditadas, y que, por esa razón, no puede revelar sus pagos al fisco.

Sin embargo, Clinton se las ingenió para hacer de esa negativa su golpe ganador, y aún hoy, una semana después de ese primer encuentro entre ambos, los impuestos del magnate, además de su ataque a la ex Miss Universo Alicia Machado, ocupan los titulares sobre la cobertura electoral.

“O no es tan rico, o no lo ha hecho tan bien, o es que no quiere que los estadounidenses sepan que no ha pagado nada en impuestos federales”, dijo la candidata demócrata, dejando que la duda sobrevolara sobre el desempeño de Trump.

Hasta ahora, nueve de los 44 vicepresidentes estadounidenses llegaron a ser mandatarios por sucesión. Clinton tiene casi 69 años y Trump 70, lo que ha hecho que su salud fuera un tema importante durante la campaña.

Un análisis de Gallup realizado antes de que Joe Biden y Paul Ryan se enfrentaran en 2012 demostró que los debates de los vicepresidentes rara vez tienen impacto.

Incluso después del debate de 2008 que enfrentó a Biden y a la enérgica Sarah Palin –y que fue visto por casi 70 millones de espectadores– la intención de voto se mantuvo casi intacta.

Tomado de Infobae.com

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