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InSight Crime: Qué implica la presidencia de Trump para el crimen organizado en Latinoamérica

Luego de la inesperada victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, InSight Crime considera el impacto que puede tener su administración en la seguridad y el crimen organizado en Latinoamérica.

Trump tendrá el mando junto con un congreso dominado por los republicanos, pues el partido conservó su mayoría tanto en el senado como en la cámara de representantes.

Aparte de su estribillo común de construir un muro a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México, Trump rara vez tocó temas relacionados con Latinoamérica en su campaña. Esto ha creado gran incertidumbre sobre su posición en un buen número de temas que tienen que ver con la región, y su política exterior en términos más generales.

Sin embargo, ha señalado un interés en echar para atrás los compromisos de Estados Unidos alrededor del mundo. Según James Bosworth, colega de Southern Pulse, esto es un buen presagio no solo para el crimen organizado en Latinoamérica, sino también para los funcionarios corruptos, que podrían enfrentar menos presión internacional para crear instituciones más transparentes.

«Es probable que la administración Trump preste menos atención y dedique menos recursos a Latinoamérica», comentó Bosworth a InSight Crime por Twitter. «La corrupción y los grupos criminales saldrán beneficiados».

A continuación, InSight Crime analiza en detalle lo que podría augurar la presidencia de Trump para los temas de seguridad en la región.

México y Centroamérica

Un pilar de la retórica sobre inmigración de Trump fue su promesa de construir un muro en la frontera entre México y Estados Unidos. Aunque la construcción de un muro plantearía problemas logísticos extremos, este tipo de discurso sugiere que Trump reforzará las medidas de seguridad en la frontera en un intento de dificultar el paso de migrantes ilegales, estupefacientes y otro tipo de contrabando. Trump ha afirma —sin fundamento— que «las drogas entran por nuestra frontera sur a velocidad récord».

Un resultado predecible de esto sería más violencia criminal en el norte de México. El menor número de cruces a disposición de los grupos criminales se haría mucho más rentable, y por lo mismo más peligroso, comentó el analista de seguridad, Alejandro Hope, a InSight Crime.

«El conflicto para tomar control del [territorio criminal], estas rutas, podría empeorar», explicó Hope. Esto podría empeorar la situación de seguridad en las ciudades fronterizas mexicanas, como Ciudad Juárez y Tijuana, que ya están experimentando un aumento de violencia relacionada con las drogas.

También es posible que los comentarios incendiarios de Trump sobre los mexicanos afecten la cooperación en materia de seguridad entre los dos países. Hope dijo que cree que el presidente electo puede buscar deshacerse de la Iniciativa Mérida, un paquete de ayuda de Estados Unidos que busca ayudar a su vecino del sur a combatir el crimen organizado y la corrupción. Esto no representaría una pérdida importante en términos de recursos, observa Hope, pero podría complicar los tratados de extradición y los recientes avances en estrategias conjuntas antinarcóticos y de control de migrantes.

Otro factor que podría tener impacto en los índices de violencia en México es la promesa de Trump de deportar «a los inmigrantes ilegales criminales».

«Estas bandas internacionales de gamberros y carteles de la droga serán … les prometo, desde el primer día en el poder… vamos a librarnos de esa gente, día uno», aseguró Trump en agosto pasado.

El actual presidente Barack Obama ha deportado a un número récord de inmigrantes indocumentados, pero Trump puede optar por promulgar instrumentos legales para hacer más expedito el proceso, lo que sería más fácil de hacer con un congreso de mayoría republicana, según Los Angeles Times.

Hope señaló que Trump podría ignorar las actuales leyes de deportación haciendo poner a un gran número de migrantes mexicanos con antecedentes judiciales al otro lado de la frontera, en lugar de devolverlos a sus lugares de origen. Esto plantea el riesgo de crear una gran reserva de deportados desempleados de la que pueden echar mano los grupos criminales en busca de reclutas, añadió Hope.

En cuanto a Centroamérica, un gran número de inmigrantes que viven en condiciones legales precarias en Estados Unidos enfrentan el riesgo de ser deportados. Los analistas temen que un flujo de migrantes de regreso al Triángulo Norte (Guatemala, Honduras, El Salvador) exacerbe la actual crisis de seguridad en la región. Muchos de los migrantes llegaron a Estados Unidos huyendo de la violencia de pandillas desenfrenada, y se pondría en peligro su seguridad si se los obligara a volver a su lugar de origen.

Entre tanto, los migrantes centroamericanos que se dirigen hacia el norte podrían depender más de los tratantes de personas, o «coyotes» para que les ayuden a guiarse en el peligroso viaje. El Grupo Internacional de Crisis ya ha documentado cómo una ofensiva contra los migrantes en la frontera estadounidense fortaleció inadvertidamente estas redes de contrabando.
Suramérica

Colombia y Estados Unidos han gozado de una estrecha relación diplomática durante años, y el país suramericano es de lejos el mayor receptor de ayuda extranjera de Estados Unidos en el hemisferio. La administración Obama ha brindado respaldo a las iniciativas colombianas para llegar a un acuerdo de paz con el grupo insurgente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), y recientemente solicitó que el congreso destinara US$450 millones para los planes de desarrollo del postconflicto en Colombia.

El presidente Juan Manuel Santos pareció recordar a Trump esa relación especial con un trino de felicitación.
«Celebramos el espíritu democrático de Estados Unidos en #ElectionNight», trinó Santos. «Con Donald Trump seguiremos profundizando relación bilateral.»

Pero Trump puede no compartir el entusiasmo de los anteriores presidentes de Estados Unidos para brindar a Colombia ayuda material y/o diplomática.

«Para Colombia, un enfoque de ‘America First’ implicaría menos ayuda —probablemente también menos ayuda militar— y mucho menos respaldo diplomático, si lo hubiera, a los esfuerzos del gobierno de Juan Manuel Santos para garantizar la paz con los grupos guerrilleros», escribió Adam Isacson, Asociado sénior en la Oficina de Washington para Asuntos Latinoaméricanos (WOLA).

Esto podría tener implicaciones mayores en el futuro del crimen organizado en Colombia. En los últimos 15 años, Estados Unidos ha derrochado miles de millones de dólares en Colombia en ayuda para combatir el negocio transnacional de la droga, y a las FARC, que controlan hasta el 70 por ciento de todos los cultivos de coca del país. Una disminución importante de la ayuda estadounidense afectaría las posibilidades del gobierno de evitar que se recicle la violencia y las economías criminales en una etapa de postconflicto.

La crisis política y económica en Venezuela es un problema que la administración Obama ha tratado con relativo tacto. El gobierno estadounidense sin duda ha sido duro en ocasiones, con sanciones y acusaciones formales contra altos funcionarios del gobierno. Pero se ha abstenido de tácticas más duras, como sanciones económicas más severas y prohibición de cierto acuerdo bilateral, que habría corrido el riesgo de agravar aún más el antagonismo político de Venezuela.

Con Trump en el poder, esta posición más benigna puede echarse por tierra. El presidente electo ha descrito a Venezuela como un país «tirado al suelo por los socialistas», y afirma que él se pondría «del lado de los oprimidos en Venezuela que claman por su libertad».

El gobierno estadounidense está investigando a varios altos funcionarios venezolanos por posibles nexos con narcotráfico. No es claro si un posible cambio en la posición de Estados Unidos hacia Venezuela cambiaría la manera como se están llevando esas investigaciones.

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