Hace 20 años, Juan Pablo Escobar o Juan Sebastián Marroquín Santos -según su pasaporte- ingresó como turista a la Argentina junto a su madre y su hermana. Venían de un exilio fallido en Mozambique, un país “devastado por la guerra civil y sin futuro”.

El capo narco más poderoso de Colombia había muerto un año antes víctima de la persecución policial y la guerra contra bandas rivales, y su familia huyó de Colombia con la intención de “rehacer una vida”.

Su único hijo varón ha decidido contar los detalles ocultos de su vida en un libro que ha titulado Pablo Escobar, mi padre: las historias que no deberíamos saber. Abundan los detalles de la opulencia de los años de esplendor junto al jefe del Cártel de Medellín, el destino de la herencia, la presión de sus enemigos por repartirse el “botín” de la guerra y su vida en la Argentina.

El libro intenta, entro otras cosas, poner negro sobre blanco sobre el destino de la fortuna de quien fuera el narcotraficante más poderoso del mundo.

“Nos quedó la fama. Claramente no está en nuestras manos. El dinero es como la tos, es muy difícil de ocultar. La familia tiene un rol protagónico frente al tema de los bienes y sumado a los cárteles de la droga que quieren recuperar lo invertido en la guerra contra mi padre fuimos despojados de esos bienes a punta de pistola”, aclaró.

Juan Pablo Escobar considera un “milagro” que haya sobrevivido a la muerte de su padre. Tras la derrota del Cártel de Medellín, sus rivales de Cali elaboraron una doble estrategia para acabar “para siempre” con los posibles herederos. El primero en la lista, claro está, era el único hijo varón del jefe.

“Nadie en su sano juicio habría permitido que el hijo de Escobar saliera con vida- confiesa-. Sobre todo porque me tuvieron en sus manos muchas veces,. La sentencia estaba dictada, ya le habían manifestado a mi madre que habría paz, pero sólo en el momento en que yo estuviese muerto. Ayudo el hecho de que yo me haya presentado voluntariamente ante los jefes de los cárteles y ellos apostaran por la vida. Y lo hicieron bien porque yo soy una persona totalmente distinta a lo que todo el mundo esperaba”.

El tiempo ha pasado en Colombia, y Escobar está seguro de que su padre no ha tenido herederos.

“Yo no creo que exista en el mundo una figura como mi padre, y espero que no exista. Y si hay alguien con esa idea debería ver mi libro y ver mi documental. Y si le quedan ganas de ser Pablo Escobar, entonces yo habré hecho muy mal mi trabajo y habré contado al revés mi trabajo”, concluyó.

Escobar es hoy un férreo defensor de la despenalización. Su opinión es que “el narco no ha dejado de crecer amparado en la prohibición, que es la que la permite una altísima rentabilidad”.

“El nivel de violencia que vivimos los colombianos, estoy seguro y espero que nunca se repita en otra nación”, dijo Pablo Escobar.

“Tristemente se está repitiendo en México. Si bien no hubo grandes actos de narcoterrorismo, podría haberlos y claramente eso tiene que ver con esas mismas políticas-dijo-. El narcotráfico se va mudando, si lo atacan en un lado, se muda a otro, y cuando llegan por él, ya es tarde”.

Sobre la situación del narcotráfico en Argentina, no fue partidario de compararla con la que ha existido o existe en Colombia. “Yo no caería en el error de comparar ambos países bajo ninguna circunstancia.

Acorralados por la Justicia en la Argentina

“Elegimos la Argentina como podríamos haber elegido cualquier otro país de América Latina”, contó Escobar. Enseguida aclaró que la administración de Carlos Menem (1989-1999) nunca estuvo al tanto de su ingreso, como se dijo por aquellos años. “El Gobierno no tenía la más remota idea de quiénes éramos, simplemente porque no podía saberlo. Tampoco hubo acuerdo alguno”, aseguró a Infobae TV.

Juan Pablo Escobar atribuye las versiones de entonces a la causa judicial que llevó a toda la familia a la cárcel en 1999. Y en particular al juez que instruyó el sumario, Gabriel Cavallo, hoy retirado del Poder Judicial.

“Nos dijeron que nos había detenido el mejor juez de la Argentina, que era el doctor Gabriel Cavallo, que era un tipo supuestamente garantista y respetuoso de los Derechos Humanos. Pero con nosotros demostró que era todo lo contrario”, dijo Juan Pablo.

Paradójicamente, la causa se inició con una denuncia de la familia Escobar contra un contador, llamado Juan Carlos Zacarías, que descubrió la verdadera identidad de sus clientes.

“Allí comenzó un proceso extorsivo para que le cedamos más bienes, para que le paguemos sueldos más altos con la supuesta figura de que nos ayuda. Terminamos enredados por sus secuaces, (los corredores inmobiliarios) Oscar Lupia, Carlos Marcelo Gil Novoa”, explicó.

El juicio reveló a la opinión pública que “los Escobar” vivían en Argentina con identidades falsas. El encargado de dar la noticia fue Carlos Telledín, detenido por ese entonces por el atentado a la mutual judía de la AMIA, en 1994.

“Los cargos eran portación de apellido, ADN y otros parecidos a Pablo Escobar –explicó Escobar-. Pero la verdad fue que siete fiscales, de manera consecutiva, coincidieron en que la única prueba real de alguna historia con el narcotráfico o el lavado de dinero era justamente el parentesco y nada más que eso”.

Su madre María Victoria Henao -María Isabel Santos Caballero, según su documento legal-, fue la última en dejar la prisión, 18 meses después de la detención. Pero la causa duró siete años, hasta que un fallo de la Corte Suprema la dio por terminada a favor de la familia.

“Lo que quedó claro es que todas la maniobras que el juez dibujaba ante los medios como grandes maniobras de lavado de dinero eran, justamente, contrarias a las prácticas comunes del lavado de dinero. Nosotros no vinimos a lavar dinero a la Argentina, nosotros vinimos a educarnos, a alejarnos de la violencia de Colombia”, dijo Juan Pablo.

En su libro, el hijo de Pablo Escobar denunció también supuestos intentos de acuerdos extrajudiciales por iniciativa del juzgado. “Lo único que nos ofrecía el juez Cavallo era que si declarábamos contra Menem sí nos dejaba libres. Yo no sé por qué teníamos que declarar algo que no era (…) El juez tenía una obsesión con Menem, si declarábamos contra él no habríamos pasado un día en la cárcel”, denunció.

Enigmáticas visitas en Nápoles

Durante los años de esplendor de la finca Nápoles, construida por Pablo Escobar como casa de fin de semana y centro de sus actividades mafiosas, pasaron miles de invitados. Algunos llegaban en aviones o helicópteros enviados por el capo narco, otros en auto y los más osados, en motocicleta. Juan Pablo recuerda decenas de artistas, políticos e intelectuales de todo el mundo, pero pocos argentinos.

“No había argentinos. Hubo uno sólo al que le decían cariñosamente “el Che”, pero no tengo idea que hacía. Obviamente hablaba con la tonada argentina. Era mayor y considero que ya debe haber fallecido”, reveló.

El argumento de Juan Pablo fue que para Pablo Escobar, “la Argentina no tenía interés alguno”. “Su ruta no pasaba acá –explicó-, el país no tenía atractivo para el negocio de mi padre en el contexto de esa época, en la que miraba hacia el Norte”.

Tomado de Infobae

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