LOS ÁNGELES.- Un terremoto de magnitud 6,4 en la escala Richter sacudió el sur de California el pasado jueves, en plena celebración de la fiesta nacional del 4 de julio, y los sismólogos lo dejaron advertido: era muy probable que otro terremoto de igual o mayor importancia ocurra en los próximos días.

No erraron el pronóstico: al día siguiente, el viernes por la noche, un seísmo de escala 7,1 volvía a hacer temblar a la mayor economía de EE.UU.

California se prepara ahora para el próximo: los expertos advierten que es muy probable que ocurra otro temblor de importancia. Hay incluso alguna posibilidad de que sea más fuerte que el del viernes, el de mayor escala en los últimos veinte años.

La mejor noticia es que el terremoto del viernes, al igual que su predecesor del 4 de julio, no han dejado víctimas. El epicentro estaba a unos 17 kilómetros de Rigdecrest, en las inmediaciones del Parque Nacional del Valle de la Muerte, una zona remota y desértica, con poca población (27.000 habitantes), a casi dos horas y media en coche de Los Ángeles. El segundo terremoto tuvo una fortaleza ocho veces superior al del jueves, según los expertos. Su potencia hizo que se notara en buena parte del suroeste de EE.UU. Los temblores se percibieron en ciudades del estado de Nevada como Las Vegas y Reno, en Phoenix (Arizona) y en Baja California, ya en territorio mexicano.

La misma falla

El jefe de bomberos del condado de Kern, donde se asienta Ridgecrest, confirmó la ausencia de víctimas. “Existen daños materiales, pero todavía no sabemos cuánto”, aseguró. El temblor produjo varios incendios en la zona, por la rotura de sistemas de conducción de gas, y cortó el suministro de agua y de electricidad a varios miles de personas.

Publicado originalmente por adndigital.com.py

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